Liga de Campeones | Milán 1 - Real Madrid 0

En el fútbol gana el gol

Gran partido de ataque. Por los italianos, anotó Shevchenko. Rui Costa, el mejor. Morientes, mal.

<B>FALLO DECISIVO</B>. Morientes pudo adelantar al Real Madrid en el marcador, pero no fue capaz de superar al guardameta milanista.
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A ver si lo sé explicar. Por un lado, uno tiene la sensación de haber vivido una fiesta y eso da satisfacción, la fiesta del fútbol, orgía de ataques, muerte a la táctica. Por otro lado, uno tiene la impresión de que ha sido el que peor se lo ha pasado en esa fiesta, lo que provoca desconcierto, pues a nadie gusta poner los discos en las bacanales. Y también genera frustración, porque el resultado fue merecido y uno pensaba que en el intercambio de golpes el Madrid siempre saldría ganador. Y no.

Tanto ha sido el empeño del Milán en parecerse al Madrid (el Real Milán, dicen ellos), que en lugar de una copia les ha salido una oveja Dolly. Como buen clónico, les molesta nadar y guardar la ropa, por lo que se pasan en pelotas gran parte del partido, como el Madrid. Pero el concepto naturista de la vida, admirable, ha de ir acompañado de un enorme y dispuesto arsenal y el Madrid en estos momentos está que no se encuentra la pistola y el cañón anda con gripe.

Este hecho, el no gol, es inapelable (seis partidos sin anotar) y se hace alarmante en combates como el de ayer: cara a cara, sin elementos que distorsionen, llámense estrategias o entrenadores. Sin ánimo de hacer sangre, hay que decir que mucha culpa del atasco la tuvo Morientes, un delantero que sabe dónde está el cárter pero que tiene problemas aparcando. Es decir que domina el teórico pero flojea en el práctico. Y no creo que sea malo, más bien que sólo le valen determinados partidos, aquellos en los que hay muchas oportunidades donde elegir. No el de ayer.

Con el choque empatado a cero, dispuso de una gran ocasión en la que remató blandito. Y en encuentros como el de anoche, colosales, está permitido todo menos ser blandito. Luego tuvo una segunda ocasión en la que no entendió a Zidane (y sus balones vienen con instrucciones) y casi lo peor de todo es que fue incapaz de crearse ninguna ocasión más. Todo esto, que es nada, hace que el pueblo aclame a Portillo, ariete que está por ver pero que al menos muerde.

Puestos a ser positivos habrá que admitir que el Madrid, sin jugar muy allá, tuvo su momento para ganar al "Milán Samba" (según dijo recientemente La Gazzetta dello Sport, en indudable éxtasis). Fue pasado el minuto 30 de la primera parte, cuando Zidane y Figo empezaron a entrar en juego. Pero siempre se trataba de contragolpes un poco histéricos, ayudados por Raúl en el centro del campo pero sin él arriba, lo que perjudica más que ayuda.

Y fue, precisamente, cuando el Madrid se recuperaba de la aguadilla inicial cuando llegó el gol de Shevchenko (40’), tras un pase en diagonal que envió Rui Costa desde las afueras de Lisboa y que le hizo cosquillas en la espalda a Pavón, hasta entonces y desde entonces excelente. Rui Costa fue el mejor del partido, con su aire de niño prodigio medio desmayado, eso que hace que salga a hombros o a tortas con la misma facilidad. Y aunque suene un poco adusto de mi parte, les diré que se vio favorecido porque nadie del Madrid le metió un viaje, ustedes ya me entienden.

La segunda parte resultó mucho más del Milán que del Madrid, que no estaba claro si se defendía en largo o lanzaba contraataques cortos. En cualquier caso, los italianos no se aprovecharon de todos los espacios de un rival desesperado. Ni los italianos, ni Rivaldo, que está para jugar en el Cosmos.

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Y a falta de ocho minutos llegó lo que pudo ser el gol de Madrid: remate de Zidane que se traga Dida y Raúl que parece marcar aplastando a Serginho y al balón. Pero el colegiado pita fuera de juego porque entre Raúl y la portería sólo había un defensor. Acierto que demuestra que a los árbitros no les gusta el fútbol, porque sólo así se puede descubrir una regla tan absurda en pleno fervor.

En fin, que no oigo más que decir que ganó el fútbol, aunque yo, ignorante, creo que perdió el Madrid.

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