ACB | Real Madrid

Tarlac: "Debemos ganarnos el respeto"

El pívot espera más de su juego y cree que "este año será diferente".

<b>PODEROSO.</B> Tarlac tiene un gran potencial, pero aún no ha cuajado.
Ricardo González
Diario AS
Licenciado en Periodismo en 1997 y desde ese año redactor de Diario AS. Se apasionó del baloncesto europeo mucho antes, cuando era un niño en los 80, y en la actualidad es cronista del Real Madrid, del que ha cubierto más de mil partidos entre la ACB y la Euroliga. Estuvo en Japón 2006, en el primer Mundial que ganó España.
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Dragan Tarlac (2,10 m, 120 kilos y 29 años) aterrizó con cartel de estrella en 2001 ("el mejor pívot blanco desde Sabonis"). Tras un comienzo prometedor (firmo topes de 21 puntos y 16 rebotes) se diluyó como un azucarillo. Las lesiones (protrusión discal, esguinces de rodilla...) frenaron su adaptación después de un año de penurias en Chicago, en los Bulls. La NBA le destrozó.

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Atrás quedaban sus ocho triunfales campañas en uno de los grandes, el Olympiacos. En 1997 condujo a los griegos al título de la Euroliga. El acabose. Ahora, en el Real Madrid, lucha por recuperar aquel papel estelar. Ha arrancado con retraso: rotura fibrilar en un gemelo y mano achicharrada con un cazo de leche. Las quemaduras todavía le hacen sangrar cuando juega, pero en los dos últimos choques ha ofrecido pinceladas de clase. Centrado en labores defensivas, secó a DeMarco Johnson del Olympiacos (cuatro gorros) y fue clave en Badalona.

El Madrid le necesita, le llega su segunda y, quizá, última oportunidad. "Esta temporada será diferente, espero mucho más de mí y del equipo. Me siento entregado, hay más energía, e Imbroda me ayuda bastante". Lucha por ser el Tarlac con mayúsculas que intimidaba en Europa. Un antes y un después y, en medio, la NBA. "Me rompió el ritmo. Pasé de ser un líder a apenas jugar. Jerry Krause me decía que no me preocupase, que ya actuaría, pero todo quedó en palabras. Si sólo te entrenas pierdes dureza. Fue un gran error estar un año casi sin jugar. Cada verano desde 1995, cuando Chicago me escogió en el draft, me llamaban para decirme que diera el salto. Y lo di en 2000, un buen momento, en plena reconstrucción de los Bulls; pero no salió. Ahora quiero ayudar al Madrid a lograr victorias. Hay un gran ambiente y una mezcla perfecta de veteranos y jóvenes con talento. El entrenador tiene energía y eso nos dará triunfos. Un club como este no puede quedarse sin títulos y creo que puedo contribuir a lograrlos. Debemos hacer algo grande para ganarnos la atención y el respeto. Cuando consigamos títulos se hablará de nosotros, como ahora del equipo de fútbol".

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