Por qué no hay solución
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Hay muchas razones para que la situación de Pau Gasol en Memphis y el calvario de los Grizzlies se conviertan en un callejón sin salida. Todas esas razones tienen nombre(s) propio(s). Allá van. Uno, Jason Williams. Hay una frase genial de Bill Walton sobre la relación de Hubie Brown, actual entrenador de los Grizzlies, con su base titular: "Aristóteles entrenando a Eminem". Williams es capaz de echarse a dormir en el vestuario de Sacramento para no jugar ante los Kings. Y se lo toleran. Envuelto en problemas de drogas y orden público en la Universidad de Florida y en Sacramento, el base de los Grizzlies no quiere que gane los partidos nadie que no sea él. Y menos, Gasol, que ayer tiró siete veces. No tolerable. Problema sobre problema: JW tiene seis años de contrato, gracias al genial propietario, Michael Heisley.
Razón dos: la estructura de los Grizzlies es un desastre. Con el inepto manager Dick Versace, que cobra tres millones de dólares al año, apartado por Jerry West, el señor West era el único que en esta NBA podía confiar en Brown. Este ya ha dicho a sus jugadores: "O se hacen las cosas a mi manera, o a la calle". Razón tres: Heisley. Le extendió el contrato no sólo a Williams, sino al lesionado Dickerson. Esta plantilla de Memphis ha roto el tope salarial con su nómina de casi 62 millones de dólares. Calendario: Spurs, Wizards, Seattle, Lakers (con Shaq...). Sal de allí, Pau. Como puedas, donde sea, pero sal. Ya.
