Yo digo Juan Mora

Ídolos en Cluj Napoca

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Miren con detenimiento la fotografía de Andrei Nicolesku que publicamos en la página 29 con la crónica de la Selección de baloncesto. Y no lo digo para que reparen en la estatura del gigante Muresan —quien está a su lado es Alfonso Reyes, que mide 2,02 metros—, sino para que se fijen en el fondo de la fotografía. Parece un ambiente rescatado del archivo. Un pabellón pequeño, pero lleno a rebosar hasta el extremo de que había más espectadores que asientos, y de fondo grisáceo por el humo de los cigarrillos. El ambiente es de partido grande de los de antes. No era para menos: jugaba España.

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Que jugase ayer España en Cluj Napoca, una ciudad de 200.000 habitantes con gran ambiente universitario, era todo un acontecimiento. No fueron a ver a su selección, no, que sus posibilidades de clasificación son nulas. Tampoco Muresan fue quien llenó el pabellón, que llevaba 17 meses sin jugar y ya ni tan siquiera vive en Rumanía. La colosal expectación la levantó un equipo que juega muy bien al baloncesto, del que se sabe que fue subcampeón olímpico hace ya mucho, pero que ganó una medalla en el último Eurobasket y que en el Mundobasket de este año ganó a Yugoslavia y a EE UU.

Ese equipo tenía que responder a tales expectativas. Por eso se tomó el partido en serio y a los 10 minutos ganaba 30-14. Por eso y porque no quiso defraudar a Moncho López en su debut, pese a que el encuentro lo podía haber ganado igualmente sin una entrega tan generosa. Lección de profesionalidad de la Selección, que regresa con el orgullo de comprobar cómo, en un confín de Rumanía, la gente pone en peligro su propia seguridad al atestar un pabellón para verla jugar. La pena fue no verla aquí, ya que el partido lo televisó una emisora local, y no la rumana con la que TVE tiene un convenio de reciprocidad.

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