El impacto albiceleste
De momento son quince, aunque dentro de poco puede llegar uno más, si el Madrid ficha a Pepe Sánchez. Me refiero a los argentinos de la ACB. Catorce jugadores y un entrenador, Julio César Lamas. Pocas veces un deporte se ha beneficiado tanto de una emigración en bloque como la argentina en el basket español. Nos ha enriquecido, ha elevado el nivel de profesionalidad y espectáculo. Pibes, sombrerazo. La nominación de Jugador de la Semana alcanzada por Luis Scola es un simple eslabón en una cadena de éxitos que viene de lejos y que seguirá (ojalá) muy allá.
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Pasemos revista: bases, Montecchia, Victoriano, Palladino y Prigioni; aleros, Nocioni, Herrmann, Kammerichs, Espil, Jasen y Racca; pívots, Oberto, Scola, Gabi Fernández y Víctor Baldo. La mitad de los equipos de la ACB tienen algún argentino en sus filas, en la mayoría de los casos con un pasaporte italiano o español que, gracias a sus ancestros, les permite jugar con licencia comunitaria. Un truco o un derecho. Como quieran. No seamos ingenuos ni anticuados. El deporte profesional es un planeta libre (o debería serlo).
El aluvión argentino hace recordar el puertorriqueño de cinco décadas atrás. Freddy Borrás, Willo Galíndez, Johnny Baez, Brindle, Deliz y algunos otros fueron pioneros providenciales para nuestros clubes y selección. Dejaron huella y cariño. Como hoy la tropa albiceleste.
