Yo digo Pedro P. San Martín

Raúl y Zizou marcan las diferencias

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Volvió Raúl, o al menos una parte de él. Bienvenido fue su regreso para el destino del Real Madrid mientras le aguantaron la fuerzas. Hizo lo mejor de los blancos en la primera parte, en su línea de remate, compromiso y entrega. Volvió a ejercer de alma y vitamina, porque su sola presencia provoca entusiasmo entre las líneas madridistas. Tiró hacia arriba con instinto de gol, quiso siempre el balón y puso sobre el césped las cuatro ideas más frescas en la primera media hora de juego. Hubo de multiplicarse en el papel instructor de sus compañeros por tres razones fundamentales: la ausencia de Hierro, la suplencia forzosa de Zidane y el desplome jerárquico de Cambiasso. Y por otras dos razones coyunturales: el escaso trabajo de Ronaldo y la tibieza de Figo. Demasiado para un solo hombre.

Excesivos desajustes. Sospechosa dependencia. Y la prueba del desequilibrio fue que cuando Raúl se desinfló, el Madrid pidió a gritos a Zidane para restablecer el orden. El francés llegó como la caballería para sofocar una crisis evidente a la vuelta del descanso. No estaba prevista su participación más que en caso de emergencia y Del Bosque entendió, efectivamente, que su equipo estaba tocando fondo por una chirriante pérdida del centro del campo. Son síntomas de un equipo cogido con hilos, escasamente cuajado en todas las líneas. Con Zidane y Raúl como abanderados el Madrid apretó muchísimo mejor, poniendo a la Real en serios apuros. Pero mal asunto es que la maquinaria no funcione si no tienen chispa los líderes. Aquí hay quien no da la talla.

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