Yo digo Juan Mora

Hewitt tiene la casta del toro bravo

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Hewitt nos estropeó ayer la fiesta. El triunfo de Ferrero llevaba camino de ser épico, porque había remontado dos sets en contra, cuando resurgió el gran Hewitt. Como un toro bravo, que cuanto más castigo recibe, más embiste. Y hay que tener mucho temple, mucho valor, mucho arte, para dominar una fiera. Hewitt lo es cuanto más difíciles se le ponen las cosas. Ya ven, los dos primeros sets para él porque encadenó una racha de 7-0 que Ferrero no pudo ni parar, ni templar, ni mandar. Luego Hewitt vio la cosa fácil, se relajó y cuando vio la final perdida con un 1-3 en el quinto set, resurgió.

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Andaba Ferrero buscando la estocada, haciendo las cosas bien, pero que muy bien, moviendo de un lado para otro a la fiera, cuando quiso hacer adornos en forma de dejadas, pero no sólo para lucirse, sino más bien para dejar a Hewitt listo para al arrastre. Y Hewitt por ahí no pasó. Vio todo perdido y despertó el dragón que lleva dentro, llevándose a Ferrero por delante. Una pena. Y lo peor es que es la segunda gran final que pierde Ferrero, después de la de Roland Garros, y se puede empezar a crear fama de segundón y, lo que es peor, creérselo. De momento, de 14 finales jugadas en su vida, ha ganado 7.

No es mal balance, pero el de Hewitt es mucho mejor. Y es curioso. Este hombre es capaz de perder con los tenistas españoles, como bien demostrado está, pero no cuando se trata de una final. Entonces se transforma y se lleva por delante al más pintado. En cinco años de profesional ha jugado 23 finales y ha ganado 17. Eso demuestra la casta que lleva dentro, que a lo mejor es lo que les falta a nuestros tenistas. Son buenísimos, pero andan por la vida con cara de ir haciendo favores a todo el mundo. Y, claro, eso al final se paga. Hewitt al menos ya debe uno grande, pero que muy grande, a Moyá. De nada.

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