Caras de funeral en un final inesperado
Plantilla y directiva acusan el golpe. Es vital ganar en San Mamés.
No anda. El Espanyol no ve el final del túnel en el que está metido desde el principio de la temporada, aunque podríamos alargarlo hasta el momento en que la directiva fichó a Juande Ramos. El final del partido ante el Atlético significó un punto y seguido al funeral de Montjuïc. ¿Quién se imaginaba una derrota tras el buen gol de Maxi? Casi nadie.
El primero que abandonó el estadio fue Ramon Condal. El vicepresidente, uno de los padres de este proyecto que fracasa, no tenía el cuerpo para muchas fiestas. Se marchó mudo y cabizbajo. Los jugadores sí que dieron la cara: casi ninguno se escondió. Argensó personificó el sentiment perico.
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Media hora después de abandonar el terreno de juego entre sollozos, el portero avisó: "No hemos sabido contener el partido. Deberíamos ser más realistas y saber sufrir". ¿Tocado? "Yo sí que lo estoy. Siempre nos pasa lo mismo. Jugamos bien y perdemos. Hay que cambiar: ya".
Ahora toca conjurarse de nuevo, volver a hacer piña, por enésima vez, y ganar en San Mamés. "Nuestra Liga es como el último travesaño de Milosevic. Si llegamos a estar en racha entra, pero como estamos como estamos, pues no entra ninguna", se sinceró Ángel Morales. Ni un empate parece que valga en San Mamés, a pesar de que después vienen dos partidos seguidos en el Olìmpic de Montjuïc: Rayo y Betis. La moral no es la deseada. "Estamos afectados psicológicamente. Ahora hay que ser fuertes y, si ya era vital vencer en Bilbao, pues ahora es casi imprescindible", añadió el canterano, que fue de lo mejor en el centro del campo del equipo entrenador por Ramon Moya.