La Bestia y la Maestra
La primera llamada que Lleyton Hewitt recibió en Shanghai, a pie de pista, fue de su novia Kim Clijsters, campeona del Masters femenino esta misma semana.


Nadie se explica de dónde le viene su sensibilidad de rata gris hambrienta a este niño bien de Adelaida. "Todo viene de la necesidad que Lleyton siempre ha sentido por probarse a sí mismo ante tipos mayores y más fuertes", revela Glynn Hewitt, padre del número uno.
Lleyton quiso ser lo que Glynn: jugador de fútbol australiano, a ser posible en los Adelaida Crows, cuya camiseta viste en cuanto puede. Los Hewitt, Glynn y Cherylinn, tienen una hermosa casita en Adelaida con pista de tenis de hierba artificial. Allí les nació el 24-2-1981 este individuo intrínsecamente insoportable.
"Pero es un error. La gente sólo ve de Lleyton la bestia competitiva que es en la pista. Fuera de ahí es un chico normal, tímido incluso", avisa John Fitzgerald, capitán del equipo australiano de Copa Davis. Y matiza el mismo Lleyton (apenas 1.80 y 68 kilos): "La agresividad nació porque en categorías inferiores siempre me enfrentaba a tíos más grandes y pegadores. Tenía que luchar". Su falta de tonelaje le vetó el profesionalismo del fútbol australiano y fabricó una pesadilla con raqueta: a los 16 años se convirtió en el ganador más joven de un torneo de la ATP.
Pero algo de verdad hay en lo que dice Fitzgerald. Mientras Agassi ya tenía avión privado a los 21 años, Hewitt ni siquiera mantiene la propiedad de los coches que gana en los torneos, como el Mercedes 320CLK de Shanghai.
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En Wimbledon. Lleyton suele matar el tiempo con su pareja, Kim Clijsters. Hace pachanguitas de fútbol australiano con algún amiguete que se lleva de Adelaida... y repasa en el vídeo los mejores momentos de la temporada de los Adelaida Crows. "La celebridad no se ha hecho para mí", rezonga Lleyton cada vez que niega una entrevista.
A Kim, hija de un futbolista internacional belga y campeona del Masters femenino, la conoció en el circuito. Les une el deseo de ganar. No piensan en casarse. Ayer, sobre la pista de Shanghai, Glynn Hewitt pasó un teléfono móvil a su hijo. "Era Kim, por supuesto", dijo Lleyton Hewitt.