Falleció Schiaffino, el héroe del Maracanazo
Marcó el primer gol del histórico triunfo uruguayo ante Brasil en el 50

Decían de él que "nunca se despeinó jugando al fútbol". Dicen de él, lo afirmaba ayer (con el teléfono aún temblándole en la mano) su viejo amigo Alcides Edgardo Ghiggia, que "fue un adelantado a su tiempo". Juan Alberto Schiaffino falleció ayer en Montevideo víctima de una larga enfermedad que le hizo perder la memoria. Tenía 77 años.
Fue un grande del fútbol mundial y ayer San Siro le despidió con una ovación en los prolegómenos del Milán-Depor. Su mayor gesta no admite dudas: el Mundial-50 conquistado tras batir a Brasil en la final, el Maracanazo. Aquel 16 de julio, el Pepe (como era conocido por sus amigos) y Ghiggia hicieron llorar a 200.000 personas en Maracaná. Sus dos goles convirtieron en maldito a Barbosa, que defendía la portería canarinha. Nadie se lo perdonó.
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Schiaffino siempre fue sinónimo de elegancia. Todos, los que jugaron con él, los que le entrenaron, los que asistieron desde la grada o por la tele a sus regates, elogiaron su habilidad para hacer fácil lo difícil. Fue una estrella en Peñarol, club en el que se ganó proyección y fama junto a su inseparable Ghiggia. Tras el Mundial de Suiza-54 (donde fue cuarto), Uruguay se le quedó pequeña y las liras llamaron a su puerta. Su fichaje por el Milán, que pagó 72.000 dólares, hizo tambalear el fútbol mundial.
Milán y Roma.
Él correspondió a los rossoneri llevando a sus vitrinas tres Ligas (54-55, 56-57 y 58-59) y una Copa Latina (1956). Su gran decepción llegó con la Copa de Europa 57-58, perdida ante el Real Madrid en Bruselas. Él abrió el marcador para finalmente perder en la prórroga por 3-2. Tras el Milán fichó por el Roma, donde jugó dos temporadas antes de retirarse, en 1962. Fue técnico de Peñarol y ayudante del seleccionador en Italia-90. Luego se olvidó del fútbol. Y se retiró a pescar, regateando las olas de Piriápolis. Y poco a poco se fue olvidando de todo, de todos. Pero nadie se olvidará de él.