Yo digo José Ribagorda

Inquietud previa

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Solemos dar rienda suelta a las emociones o a la opinión cuando se dicta la sentencia del resultado al término de los partidos. Son momentos de congratularnos, de recibir parabienes o convertirnos en críticos furibundos, en momentos en los que la vehemencia siempre trata de suplir la falta de conocimiento verdadero sobre los males que nos afectan. Hoy quiero dar relevancia a esa expectación previa a los encuentros. Uno se instala en una inalterable euforia en la que no se recuerdan carencias, ni defectos del pasado. Parece como si el choque que hay por delante nos redimiera de todos los pecados. Vivimos las horas previas nerviosos, pero no desencantados. Como el vino que decantamos antes de beberlo, como el habano que olfateamos antes de fumarlo, como esos besos apasionados que alumbran una noche de amor, las horas previas a un encuentro son las que más matices atesoran.

Pienso esto horas antes de enfrentarnos a un Athletic que parece haber perdido su fiereza. Por sencillo que parezca el partido me atenazan los nervios, me descubro inusualmente inquieto. Hago cábalas sobre la plácida situación en la que quedaríamos ganando los tres puntos. Me aterroriza pensar en una derrota que sería mucho más que una derrota por jugar en casa y ante uno de los conjuntos con peor forma en este arranque. En fin, qué desasosiego...

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