Darío se recuperó y hundió a Osasuna
Aunque no se entrenó tras la Copa, fue el único que batió a Sanzol

Cuando se sale al campo presionado por el miedo y agarrotado por la tensión de los resultados, se sabe de antemano lo que va a ocurrir. Aunque parezca un postulado demasiado fácil, la realidad lo refrendaba: el Málaga, consciente de que su nivel de juego ha bajado y que una derrota más les iba a doler demasiado para el partido de UEFA, y Osasuna, con el agua al cuello por su mal inicio de Liga y posiblemente descentrado por el affaire Gancedo, parecían que habían alcanzado un pacto de no agresión. Simplemente, de vez en cuando, hacían algún pequeño escarceo para disimular. Dentro de esta aparente trama, Darío, Contreras, Rivero y Sanzol parecían los elegidos para a cada ratito elevar el nivel. Pero el interior de Osasuna, que volvía loco a Valcarce al que no le vendría mal un poco de solidaridad defensiva de Musampa, duró 55 minutos.
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Entonces, en esta presunta historia se coló un chico listo en lugar del argentino. Era el desaparecido en combate Sandro que, con sus gotitas de clase, da masa gris a los ataques blanquiazules. ¿Se había roto el siempre presunto acuerdo? Más bien no. ¿Cómo iba a haber un pacto con un tal Darío Silva en el terreno de juego? Simplemente que entre los que se dedicaban a cumplir y los que iban a ganar el desequilibrio acabó favoreciendo al Málaga. Y quien se encargó de certificarlo fue el hombre de las recuperaciones milagrosas. Una tendinitis en el aductor izquierdo lo había dejado sin entrenarse tras el KO en Copa. Peiró, conocedor de su portentoso físico, lo convocó y suspiró cuando pasó la prueba para jugar.
Como aturdidos por las embestidas malaguistas, y con los cambios que no aportaron nada más que cubrir el expediente, a los de Aguirre ya sólo les quedó encomendarse a los palos uno de Gerardo y otro de Valcarce y a un notable Sanzol, que hizo sendos paradones a Musampa y Miguel Ángel. La premonición de Cruchaga no se cumplió. La pitonisa Lola puede estar tranquila... gracias a Darío.