Copa del Rey | Oviedo - Real Madrid

Del Bosque cumple 200

El técnico del Madrid dirige hoy su partido bicentenario. Se juega el pase con los canteranos. El Oviedo, en plena crisis

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Eran otros tiempos, marzo de 1994, concretamente. Floro naufragó en Lleida y en una peculiar arenga nos descubrió que toda la trigonometría del fútbol se reduce a que hay que echarle un par. Y Mendoza se lo echó. Y le echó. Del Bosque fue el sustituto. Interino se dijo entonces. De momento, hasta que venga Maturana.

Contra el Rayo dirigió su primer partido, en el Bernabéu. Jugaron los que saben, como ahora: el Buitre, Martín Vázquez, Míchel... incluso Prosinecki, que también sabía, eso dicen. Y golearon, 5-2. Se acabó la crisis. Por cierto, no vino Maturana y Del Bosque, con intervalos, ya no se fue nunca. Hasta ahora, hasta hoy, que cumple 200 partidos, dos Copas de Europas y dos Ligas por el camino, ganadas sin una sola excentricidad.

El cumpleaños se celebra (eso se pretende) en Oviedo, plaza en crisis, y esto sí que es una crisis: el equipo ocupa el último lugar de la Segunda División, ni una victoria en casa, equipo más goleado. Visto el panorama, Del Bosque apuesta sin disimulo por los teóricos (y prácticos) suplentes, como se hizo toda la vida en estas situaciones, aunque los susceptibles ya digan que esto es un desprecio a la Copa. Bla.

La respuesta de los que habitan en el banquillo es siempre incierta. En ocasiones uno espera rebeldía y encuentra comodidad, pero tales riesgos los evitará Del Bosque con la entrada de canteranos hambrientos, algunos tan prometedores como Miñambres, Raúl Bravo o Portillo. Junto a los niños, y para poner cemento al equipo, se alinearán Solari, que no es titular ni suplente, sino todo lo contrario; Flavio, Celades, Tote (ojito con él) y McManaman, que no es que impresione mucho, pero qué le vamos a hacer. Cambiasso, Morientes y Guti estarán en el banquillo por si hay tiros.

Emoción.

Porque puede haber tiros, no lo descarten, pues la Copa a un partido da una opción al transeúnte y porque el Oviedo, incluso en plena miseria, tiene historia, un intangible que inyecta orgullo, sentimiento que según Floro se canalizaba en un par.

No merece el Oviedo tanta penuria, entre otras razones históricas (Lángara vive, como Elvis) por las sentimentales: el descenso de los equipos que salían en nuestros cromos nos vuelve asquerosamente viejos. De los tiempos mejores sólo queda Oli, un delantero que siempre ha sido mucho mejor de lo que parece (ver Carew) y que en estos momentos es el portador del anillo.

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Idiakez, ex de la Real Sociedad, es otro de los honorables del Oviedo actual, que a falta de pan acaba de estrenar entrenador, González Villamil, para escapar de la agonía, a ver si les sale un Del Bosque. De momento, también se llama Vicente y dice que no ha venido para ser técnico, premisa fundamental para entrenar toda la vida. Una de las estrellas de los locales, El Chino Losada, con un esguince, es algo más que duda, aunque ya digo que partidos como los de hoy desentierran a los muertos.

Conclusión: quien extrañe a los cracks del Real Madrid se equivoca. Esta noche hay más alicientes, muchos. Tote y Portillo, por ejemplo, que chatearán (balompédicamente) con Ronaldo; o Miñambres que mandará mensajes a Salgado y Figo. Por no hablar de los centrales. Es bueno ser joven. Todo esto, claro, si el Oviedo no se encomienda a Pelayo y empieza a recuperar el terreno perdido, que todo puede suceder. Esto es la Copa, fútbol picante. No hagan caso de los tipos que defienden eliminatorias a doble partido, tienen miedo.

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