Árbitros prevaricadores y todopoderosos
La media de faltas en un partido de la liga ACB es de 46,5. En el Estudiantes-Madrid hubo 54, más de lo normal, porque los madridistas las provocaron al final. En el baloncesto, en el que jugadores enormes se concentran en un espacio pequeño, los contactos son continuos y las picardías son muchas. Por eso se hacen necesarios tres árbitros. Así, con una visión tridimensional, se han de escapar pocas cosas. Lo malo es que pitan hasta cuando no sucede nada. Un árbitro de baloncesto sabe que cada minuto hay una falta y si está mucho tiempo sin pitar debe tener la sensación de que le están engañando.
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En el Estudiantes-Madrid hubo, cómo no, acciones de este tipo. A favor y en contra de ambos equipos, que también en baloncesto existe la ley de la compensación. Pero hubo una jugada, la técnica señalada a Imbroda, que dejó perplejo al mismísimo Epi, si bien ya había aventurado que la señalada minutos antes a Loncar situaba el listón muy bajo. Cuando alguien de la experiencia de Epi, que está en la cancha, que ve en el monitor el suceso por activa y por pasiva y que desde su puesto de comentarista de Canal + no puede ofrecer la más mínima explicación a la decisión arbitral, malo.
Si los entendidos no son capaces de interpretar estas acciones, imagínense los aficionados de a pie, que no sabemos lo que es un poste bajo, ni cuándo un 3 puede jugar de 5. Por eso sería bueno que los árbitros bajasen a la tierra y explicasen, micrófono en mano, algunas de sus decisiones, como hacen en el fútbol americano; de paso se evitaría que fuesen prevaricadores. Hasta en la NBA son humildes y consultan el vídeo en las jugadas dudosas. Pero aquí no. Aquí quitan dos puntos de escándalo al Estudiantes y no pasa nada. Como son seres con poderes omnipotentes sus acciones quedan impunes.
