Mal día y mal árbitro

Si un club debe pedirle a los dioses del fútbol buen dominio de la estrategia, defensas duros y árbitros amables, alguien en el Rayo ha traspapelado las rogativas. O sea, que el invierno va a ser largo y duro en Vallecas. La cosa empezó con un gol muy feo para quien lo recibe, que deja en mal lugar la actitud defensiva de un equipo y el esmero de un entrenador. Y más si éste, como Vázquez, envuelve la preparación de cada partido en una manta de vídeos. Esa falta que tocó Albertini en horizontal y García Calvo remató por abajo sin un rival en tres metros a la redonda se llevó por delante la filmografía del técnico gallego y la reputación de la defensa rayista que, por otra parte, nunca formó parte de lo mejor de su historia. Y sálvense Tanco, Paco y el que pueda.
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Total, que aquello quedó en 86 minutos y 8.000 metros de escalada por delante, el Everest y el Aconcagua juntos para un equipo con alguna coartada: sus tres mejores jugadores, Quevedo, Michel y Luis Cembranos, o no están o acaban de salir de lesiones. Menos explicable es que los dos que les siguen en el escalafón, Peragón y Bolic, empiecen en el banquillo.
Yqueda Daudén, también relevante en la catástrofe rayista. La expulsión de Graff fue el retrato de su actuación: el reglamento lo estiró como el chicle para el Atlético y lo endureció como el acero para su vecino.