Aquí no hay excusas
Los grandes desafíos son para los grandes hombres. Esos momentos en los que no hay lugar para las excusas, las explicaciones, las especulaciones, las promesas incumplidas... Es cuando toca dar el callo porque lo que está en juego es mucho más que puntos en una clasificación o el beneplácito de unos cuantos. Lo que se cuestiona es el orgullo, el coraje, el honor, el respeto.
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Puede que todo esto suene altisonante e incluso trasnochado. Pero es lo que hay. Ya sabemos que en 2002 no habrá un campeón del mundo español y lo tenemos asumido, sobre todo porque la derrota se ha consumado con tanta dignidad como permite el manido argumento de "el segundo es el primero de los que pierden". El domingo, en Cheste, no nos interesan ni nos valen las estrategias ni las ilusiones, sólo la inigualable sensación de escuchar ese himno que servirá para celebrar que uno de los nuestros ha sido el mejor.
Lo tienen todo para conseguirlo, al menos todo lo que se puede garantizar en la competición. Medios técnicos, el apoyo de la mejor afición del mundo, la motivación necesaria, la ausencia ya de presión en el campeonato. La suerte es una de esas circunstancias que no se amarran, aunque hay quien asegura que también hay que ganársela. Así que, lo dicho: a dar el callo.
