Primera | Real Madrid 1 - Villarreal 1

Floro hurga en la herida

El Villarreal se llevó un merecido punto - El Madrid, otra vez sin pegada - Sólo brilló Zidane

<b>POR VALIENTE</b>. Reina recibió un golpe de Zidane al salir a los pies del francés tras pase de Raúl.
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Floro ganó (sí, ganó) y lo hizo con una jugada a balón parado, un penalti, en concreto. Y nos descubrió que la importancia de los saques de banda radica en sacar a todos los que parecen una banda y poner a los que saben jugar al fútbol. El Madrid perdió (sí, perdió) y nos descubrió, superada la pereza, otro achaque: la impotencia. Pensábamos que si quería, podía. Y no es verdad.

Hay que admitir que el Real Madrid, ausentes Figo y Raúl (sólo jugó 34 minutos), otorga una ventaja enorme: juega sin banda derecha, o con McManaman por allí, que viene a ser lo mismo. Y con medio delantero centro, porque Ronaldo, aunque parece el doble, es la mitad. E incluso descompensado por la izquierda, pues Zidane no ocupa por entero el carril y tampoco se puede pretender que lo haga permanentemente Roberto Carlos, un lateral, pues eso desequilibra al equipo en defensa. Mucha ventaja, ya digo, y los devaneos que te puedes permitir con Raúl y Figo en el campo, no se sostienen cuando ellos no están. Nos engañamos cuando decimos que no hay futbolistas insustituibles. Los hay.

Por ejemplo, viendo a McManaman uno se da cuenta de lo que significa Figo, aunque a veces desespere. Y viendo todo y sin ver nada es fácil distinguir la importancia de Raúl: cuando ayer entró, el Madrid se convirtió en un equipo mucho más peligroso. Aunque no le llegó.

Hasta entonces, Zidane, sencillamente imperial, se había bastado para sostenerlo todo. Por primera vez, estuvo bailando los 90 minutos, sin un despiste, involucrado y pendiente, respaldado por Makelele, que es algo más que un minero, que también sabe jugar al fútbol, a pesar del casco.

Pero todo el despliegue del Real Madrid se limitaba al centro del campo. Arriba no había nadie capaz de inventar algo. Guti no es un líder, sino un ayudante, y Ronaldo, ahora mismo, es poco más que nada. Por eso tuvo que ser Zidane quien abriera la puerta con un gol fantástico, de los que valen una entrada, un disparo seco y duro que le voló el sombrero a Reina, que sólo acertó a espantar una mosca.

El Madrid no remató. Ni el Villarreal se dejó. El equipo de Floro se lo tomó con paciencia: una vez superado el arreón (y el gol) comenzó a estirarse y a entrar por las muchas las rendijas que deja el sistema del Madrid. Belletti estaba para empezarlo casi todo y en muchas ocasiones también para terminarlo. Víctor y Jorge López ejercían de ideólogos. De Palermo baste decir que si le echa una carrera a Ronaldo el ganador se decidiría en la foto-finish.

En el tiempo añadido de la primera parte, Jorge López se internó en el área con la única intención de tropezar con Makelele y el francés entró al trapo y metió la cadera. El árbitro pitó penalti. Dudoso. Demasiado como para que el Madrid justifique en él todas sus penas. El propio Jorge López, un tipo con mucha clase, se encargó de anotar.

Al igual que sucedió contra el AEK, y antes contra el Racing, el campeón de Europa fue incapaz de reaccionar, ya no hablo de acorralar al rival. Más bien al contrario: Casillas sacó con los pies un cabezazo de Palermo que era medio gol y crisis entera.

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Morientes reemplazó a Ronaldo, que estaba insostenible. En 20 minutos, el Moro rozó dos goles con la cabeza y se mostró infinitamente más activo que el Ronaldo actual. Raúl lo siguió intentando. Al igual que Zidane. Pero lo más claro fue un lanzamiento de falta de Roberto Carlos en el minuto 91. Su disparo tenía potencia, como siempre, y colocación, como casi nunca. Pero cuando el balón parecía colarse junto al palo surgió la mano de Reina.

Por primera vez en los últimos encuentros, el Real Madrid no fue sólo víctima de sus vicios, sino también de la virtud del adversario. Así debió entenderlo también el público, que no silbó al final. Y cuando hay incendio ellos son los primeros en soplar.

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