Noche de terror
Lamentable espectáculo entre Celta y Atlético en el que sólo destacaron el Niño Torres y el afán ganador rojiblanco

Cuando faltan los violinistas, el espectáculo de Balaídos estaba claro desde el mismo instante en que el zar Mostovoi se tuvo que retirar al vestuario en el minuto diez. Fue una noche de Halloween adelantada. Terrorífica y que solamente se salvó con los detalles de gusto de Fernando Torres.
La revolución cubana de Luis vino matizada con la presencia de Nagore y Emerson con jefes del centro del campo. Quería un choque físico, alocado, de ida y vuelta y en el que pudieran sacar petróleo de su mayor punta de velocidad. Lotina tuvo que cambiar sus ideas cuando se quedó sin el director de orquesta y aceptó el cuerpo a cuerpo. No había calidad en ninguno de los dos bandos, pero el ritmo era trepidante. Los rojiblancos se fueron con descaro hacia arriba. Su entrenador se mostraba ambicioso y quería los tres puntos. El Celta salía a la contra y no conseguía imponer su fútbol habitual. El balón sufría el castigo de las torpezas de los jugadores. Los equipos no tenían criterio.
José Mari y Contra fueron los primeros en hacer trabajar a Cavallero. El Celta llegaba con relativa facilidad al área del Mono Burgos, pero le faltaba la clarividencia. Incluso el Atlético estaba más segura en su zona defensiva de lo habitual. Santi y García Calvo se manejaban con comodidad y los laterales no tenían muchos agobios con Coudet y Jesuli. necesaria de los metros finales. Conforme avanzaba el tiempo, el tostón era más insufrible. Hasta el patadón y tente tieso se adueñó del campo. Los colegas argentinos, Cavallero y Burgos, disfrutaban de la noche. Incluso, el que estaba más acertado era López Nieto y su ayudante que marcaba el ataque vigués, que calcó todos los fueras de juego que pusieron en práctica Santi y su muchachada. Al descanso se llegó con un dato histórico: la primera parte en toda la temporada en la que al Atlético no le habían tirado a portería. Lo que ganaba atrás lo perdía a la hora de crear jugadas con algo de chispa en ataque.
Sin cambios
En el segundo tiempo la cosa no cambió. Luis seguía sacando pesos pesados de ataque, pero faltaba que los puntas tuvieran balones en condiciones. El Celta comprendió que no era su partido, se atrincheró en su defensa y procuró pillar a los madrileños en alguna contra que llevará con habilidad Jesuli, que de salida metió el susto en el cuerpo al Atlético. Luego, Fernando, con una genialidad, y en especial Movilla en un cabezazo a centro perfecto de Sergi, pudieron romper la igualada. Estaba visto que no era el partido de los delanteros con acierto final
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La mieditis era el fiel compañero de trabajo de los dos conjuntos. Los de Luis no estaban para sacar pecho, y Lotina prefería amarrar un puntito antes que lanzarse a otro tipo de aventuras. Hasta López Nieto se comió un penalti de Juanfran a Emerson. El público estaba cansado al final de tanto despropósito. El infumable partido se iba degenerando por minutos.
Todo eran faltas y acciones sin sentido. Nuevamente otra sutileza del Niño dejó a Correa en clara ocasión, que desperdició. Era un auténtico correcalles. Por ganas de vencer la victoria debió irse para Madrid. Lo que sucede es que los despropósitos fueron generalizados y las tablas el justo castigo a tales protagonistas.
