Liga de Campeones | Real Madrid 2 - AEK 2

No ganan ni en casa

El Madrid se dejó empatar con el AEK. Hubo pitos al final. Macca, autor de dos goles. Ronaldo, mal.

<B>MUY VIGILADO</B>. Los defensas griegos eran conscientes del peligro que podía crearles Ronaldo y le sometieron a un férreo marcaje.
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Esto es machista, ya aviso. Pero allá va: sucede que las mujeres se inventan un problema, se lo acaban creyendo y el problema, imaginario al principio, termina por existir. Esto confirma su complejidad y riqueza mental y no lo digo para arreglarlo, que lo veo imposible. Lo digo porque esto mismo le pasa el Madrid, cuya realidad, igualmente compleja y rica, es capaz, también, de inventarse problemas fuera de casa y hacerlos verdad dentro.

Todo esto ocurrió ayer. Llegó el Madrid un poco ruborizado (tampoco mucho) por la derrota en Santander (problema imaginario), dispuesto a borrar la mala imagen, sin mayor agobio. Y encarriló el partido con cierta facilidad, aprovechando que el rival venía dispuesto a humillar sin mucha protesta. Pero cuando todo parecía resuelto, el Madrid vagueó, se dejó empatar y se inventó una minicrisis. Mini porque este equipo es un volcán (ayer latente). Mini porque no jugaban Raúl y Figo. Crisis, porque hubo pitos, y variados.

El Madrid se desmoronó en 20 minutos, los últimos. Ya no estaban en el campo ni Zidane ni Roberto Carlos, a los que Del Bosque dio descanso quizá en un exceso de confianza. Y si este equipo se disipa con ciertas jerarquías, no les cuento sin ellas. Me olvidaba, seguía Ronaldo en el campo, pero si me lo permiten (y lo harán) no le consideraremos jerarca por el momento.

Hasta entonces, el Madrid había hecho una primera parte apañadita, de mucho toque y poca llegada, con el AEK siguiendo el ritmo con la cabeza y un par de goles de McManaman. Es curioso lo de este jugador, remedo de Hugh Grant (y Nicole Kidman, apunta Roncero). Es el perfecto invitado para una fiesta, pero no la pidas que la organice él. Queda bien y en días como el de ayer hasta cuenta chistes (dos). Pero con la misma facilidad que se une a los saraos se suma a los funerales (ver el akelarre de Santander).

Sus dos goles fueron de buen futbolista, de estar ahí, porque él, aunque es asustadizo, se mueve bien y entiende el juego. El primero le llegó medio empaquetado por Cambiasso, que centró raso y venenoso desde la izquierda. El segundo también le llegó con lazo tras una bicicleta (estática) de Ronaldo al borde del área. Eso fue lo mejor del brasileño. Lo mejor legal, porque el árbitro le birló un tanto por supuesto fuera de juego.

Pero para que McManaman salga como héroe, sus aventuras han de ser en los últimos minutos. Porque todo el ánimo que desplegó el Madrid (y Macca) se fue diluyendo cuando se vio el partido ganado. Esto es viejo. Y muy de equipos que se sienten superiores. Me refiero a una ajustadísima dosificación de los esfuerzos que generalmente termina por desajustarse y provocar un esfuerzo mucho mayor e imprevisto.

Los griegos, que no son tontos (nadie lo es), se fueron viniendo arriba y comenzaron a dar toquecitos a la puerta de Casillas, que no abría, por cierto. Hasta que no tuvo más remedio. El primer tanto del AEK llegó en un córner (otro viejo defecto de la casa). Helguera y Hierro se estorbaron en el salto y el balón alcanzó la cabeza Katsouranis, que había acampado por allí. Un hecho: el Madrid de los últimos años se ha hecho grande pese a su inocencia en los saques de esquina propios y ajenos.

El segundo gol visitante cayó después de una acción blandurria de Hierro, que ante la internada de un rival metió el pie sin conviccción y salió trastabillado. El pase del fundidor (de Hierro) llegó al costarricense Centeno, que fusiló a puerta vacía. Como pueden apreciar, la defensa no estuvo divina. Más bien, de la muerte.

Y fue en ese momento cuando llegaron los pitos, porque el público, que ha recibido cada proyecto con un entusiasmo arrollador, también se cansa. Y en el Bernabéu se perdona todo menos la falta de entrega y la flojedad de piernas.

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Quedaban apenas ocho minutos para intentar la remontada, pero el equipo fue incapaz, ni siquiera, de meter el miedo en el cuerpo a los griegos. Estaba Ronaldo, no me olvido, pero es como si le quedaran las botas grandes. Estaba perdido, su sitio siempre lo ocupaba Guti, se sentía inúltil y se le notaba. Le falta bastante todavía.

Puestos a buscar conclusiones positivas hay que decir que los sustos son como las cebollas, buenos para la circulación. Y es conveniente que el equipo no se haga vago ahora, cuando todos los males tienen solución. Poco importa que se aplace la clasificación matemática para la siguiente ronda. Incluso que se pierdan algunos puntos en la Liga. Cuando el avión despegue, esto será un vago recuerdo. Lo sé. Dije vago varias veces, pero no se me pongan freudianos, fue por decir.

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