Aquél chaval de Cibeles
Noticias relacionadas
Recuerdo una fotografía de Roberto Carlos en Cibeles, un día después de aterrizar en el Madrid. Tenía pelo, mucho menos cuerpo y la misma sonrisa que hoy. Aquella imagen decía muchas cosas. Era un tipo especial, diferente y chispeante. No me expliqué por entonces por qué el Inter se lo había vendido a Sanz. Seis años después entiendo mucho menos aquel traspaso, pero estoy encantado de que ocurriera. No he visto jamás un lateral izquierdo tan espectacular en el planeta fútbol y agradezco al Inter su incompetencia.
Roberto es ya una página de oro en la historia del Real Madrid. No encuentro un futbolista blanco con mejor balance global de títulos internacionales. Y no recuerdo a un 3 que levantase de los asientos al Bernabéu como lo hace el brasileño. Por si con esto se quedara corto, además vende imagen madridista, pone bálsamo a las crisis y es madrileño de adopción. Tiene gancho: he visto a mil japoneses en Tokio en ataque de histeria por una sonrisa de Roberto. Aquél chico que posó en Cibeles ha hecho cosas muy grandes de blanco. No me molesta su anarquía en el campo ni su pincelada de suficiencia. Es indiscutiblemente el FIFA World Player del año.