Un portero del pueblo
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El Mono Burgos es un espectáculo tanto dentro como fuera del campo. No conoce la palabra aburrimiento y la naturalidad es su mejor virtud. Ante el Valencia brindó una actuación para recordar llena de contrastes. Se comió el gol de Baraja pese al agarrón de Vicente, y luego se sacó de la manga cinco manos para el recuerdo que evitaron la derrota rojiblanca. Sus ruedas de prensa siempre son interesantes y no duda en desayunar con un grupo de currantes. Se lo pasa bomba grabando una canción y no le entra en su cabeza presumir del Ferrari como mucha de las estrellas con las que juega. Sabe sus orígenes y no renuncia a ello. El contacto con la gente define su personalidad.
La polémica en la portería atlética sobra. Tanto Burgos como Esteban son dos seguros al portador. Ahora el argentino está en un momento excelente y nadie le puede discutir su titularidad. Incluso es el líder espiritual de su gente. Sabe poner los ritmos y la marcha en un vestuario que en estos momentos necesita estar más unido que nunca. Un lujo para el Atlético tener este pedazo de persona. En el Mono destaca por encima de todo su lado humano. Sabe estar en todo momento en su sitio. Siempre agradece la presencia de los chavales y es una institución a la que se tiene que atar incluso para cuando deje el fútbol en activo. ¡Burgos, no cambies nunca!.
