Andre, contra el sucesor de Iván
Agassi superó la velocidad de Grosjean y aparece como favorito en la final del Masters ante el checo Jiri Novak, que no tuvo piedad de Fabrice Santoro.


Faulkner escribió aquello de The Sound&The Fury, que a menudo se traduce como "El Ruido y la Furia", pero que vale como "El Sonido y la Furia". Y también, como "El Ritmo y la Furia". Pero el sonido, el ruido y el ritmo de este Masters, su sound en suma, pertenecen a un solo hombre: Andre Agassi. La furia, la velocidad y todo lo demás son los otros.
El hábil Agassi, que piensa a mil por hora dentro y fuera de la pista, ha entablado un amor a primera vista con el novelero público del Rockódromo, donde ya aparecen banderas de Estados Unidos e incluso pancartas de cariño hacia Agassi. El carisma del maestro de Las Vegas ha hipnotizado a los madrileños. Pero no a Sébastien Grosjean: La Velocidad.
La llegada total y la rapidez de Grosjean desordenaron la semifinal para Agassi... tanto como aquel partido de 2001 en Roland Garros, en el que el francés y el presunto gafe Clinton pusieron en ridículo a Andre sobre la tierra roja de París. Desde aquel día, Agassi no quiso ver a William Jefferson Clinton ni dentro ni fuera de una pista de tenis.
Sin Clinton en el Rockódromo, a Grosjean le quedaban otras bazas: un saque como un relámpago, un revés cortado molestísimo y esa ligereza de centella que, como dice Agassi, "hace la pista más pequeña y quita ritmo". Así y todo, una mera bola de break en el noveno juego valió a Andre para firmar el 6-4: el primer set que Grosjean perdía en Madrid.
Llegó la reacción
Ahí acabaron las vacaciones de Agassi, a quien la motito de Grosjean daba que pensar con sus cabriolas y voleas atléticas. El francés ganó el segundo set (6-3) tras romper dos saques de Agassi, que olfateó el peligro entre las orejas de casi 10.000 espectadores.
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La manga definitiva mantuvo pulso y servicios... hasta la última bola del décimo juego. Ahí, en el primer match point y sobre el servicio de Grosjean, al francés se le ocurrió un segundo servicio liftadito y alto, de los que Agassi se había tragado algunos. Andre saltó y fusiló un resto al que no podían llegar cien Grosjeans.
Detrás estaban el 6-4, la final y el 2-2 con el francés en el cara a cara particular. Luego, La Furia sorda de Jiri Novak, que se mira en Iván Lendl, apabulló al ruidoso Santoro, que hace de la raqueta un instrumento de tortura. Así que el heredero de Iván juega la final contra The Sound: El Ritmo de Andre Agassi.