La comida basura nos deja sin cantera
Es fácil ver en los colegios muchos niños gorditos. Les veo corriendo, jugando al fútbol, y tienen serias dificultades de desplazamiento. El problema no es grave. Lo que tienen que hacer en el recreo, y hacen, es divertirse, disfrutar creyéndose Ronaldo. Pero también hay un problema tangencial, menor pero real. A las escuelas de deportes que captan talentos llegan cada año menos niños con unas mínimas condiciones físicas adecuadas, pues el sobrepeso elimina a gran cantidad de chavales. Y si aún así comienzan a competir con los delgados, pronto se autoeliminan al comprobar su inferioridad.
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Es verdad que también ahora la juventud es más alta y fuerte que décadas atrás. Por eso el niño que sale bueno, sale bueno de verdad. En físico ya nada tenemos que envidiar a los alemanes, por poner un ejemplo. Pero, a cambio, la bollería industrial y la comida basura añade muchos kilos de más a nuestros niños. No he querido escribir esto hasta que he visto los resultados de un estudio epidemiológico que sitúa el porcentaje de niños españoles obesos y con sobrepeso entre los más altos de Europa. Tal es así que la cuestión trasciende del aspecto deportivo, pues se convierte en un problema de salud pública.
Los datos del Estudio de Cuenca revelan que en esa ciudad hay un 26,6% de escolares entre 9 y 17 años con sobrepeso y un 3,9% con obesidad. Es decir, tres de cada diez niños no tienen la más mínima posibilidad de ser la cantera que nutre al deporte de élite. Medicina Clínica, que ha publicado el estudio, dice que los resultados de la investigación son extensivos a cualquier otra ciudad de España. La solución para prevenir el sobrepeso pasa por el incremento de la actividad física, pero en este caso el deporte ya no es instrumento para detectar talentos, sino para solucionar un problema. Bienvenido sea.
