Ganar por el tarro
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La teoría de la compensación divina dice que si se les va la mano con la belleza recortan en inteligencia, o en suerte, y si andan escasos de felicidad lo equilibran con dinero, o con poder, pongamos por caso. Y luego te sueltan al mundo y allí (aquí) te manejas los talentos y te haces rubia de bote o periodista. Pero hay ocasiones (pocas) en las que se producen mágicas descompensaciones de las que igual salen chicas sex-bomb que políticos, o futbolistas o tenistas. Y es cuando ellos se enfrentan, cada uno en su terreno, cuando es necesario recurrir a los tarros olvidados: la confianza, el miedo o el perro que te mordió siendo un niño. Ferrero ganó a Corretja porque en uno de esos tarros tiene algo más. Los que todo lo simplifican dirán que ganó por el tarro.
Los mejores tenistas son tan iguales y tan buenos que las motas de polvo inclinan los partidos. Nadie tiene más talento que Safin, pero su cabeza es una maraca. Ningún español parece tan dotado como Moyá, pero ninguno parece tan cómodo. Corretja es elegante y convincente, pero sufre en las reyertas, cuando sólo la confianza o el miedo o el perro que te mordió siendo un niño rompen el equilibrio. A Ferrero le sucede lo contrario, más aún a Hewitt. Ellos odian más perder de lo que disfrutan ganando. Nunca tendrán bastante. Esa es su compensación divina.