Uno de los nuestros
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El fútbol está lleno de mercenarios, tipos que primero cobran y luego preguntan, personajes que se ponen la primera camiseta que pillan como si fueran sus colores de toda la vida, futbolistas que tienen siete equipos de toda la vida, y que siempre saben cuál es el sol que más calienta. Pero a mí me gustan personajes más románticos. Como el Cholo Simeone, que presume de atlético por donde pasa, aunque luego se enfunde la camiseta del Lazio y la defiende, como dice Gil, a muerte. O como Salva, el pistolero del área del Valencia, que vuelve al Calderón con el campeón de Liga y que dice que si marca no celebrará sus goles por respeto a una afición que ha sido la suya.
Salva se marchó del Atlético como un goleador cotizado, Pichichi en Segunda con los rojiblancos y Pichichi en Primera un año antes con el Racing. Era un valor sólido, un futbolista de sangre caliente, un fajador del área. No le ha ido tan bien como presagiábamos. Salva ha jugado poco y ahora está como pidiendo una segunda oportunidad. Y añorando su época atlética. Será bien recibido en el Calderón. Ha demostrado ser un tipo agradecido. Y si él no quiere celebrar sus goles al Atlético, nosotros nos alegraremos de que se hinche a marcar a partir del sábado, en cualquier otro campo... si Benítez le devuelve el número 9 del Valencia. Se lo merece.