Yo también quiero ser un vip
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Noto indicios de revolución en el pueblo llano. El pueblo llano, para entendernos, está formado por todos aquellos que no pueden entrar en una zona vip si no es vestidos de camarero. Si no eres vip y tienes hambre te puedes comprar un bocata (4 e) y una cerveza (2 e) y si eres millonario pero no eres vip (caso extraño) te puedes comprar diez de cada. Pero en ningún caso puedes catar los manjares de la zona vip, donde se come gratis, con lo que se demuestra una vez más que es más barato ser rico que pobre. De pronto, entiendo el éxito de los restaurantes Vips, que pese a nombre tan exclusivo te dejan entrar. A estas alturas de viaje, la gente vip estará pensando que soy un demagogo (y además pobre) y el populacho estará a punto de levantarse en armas al asalto de una zona vip.
Seremos justos y admitiremos que muchos vips son patrocinadores que con su dinerito levantan el chiringuito y tienen derecho a comérselo. Pero detecto un cierto clasismo muy de caseta de feria. O eres vip, o eres un pringao. Y es el público de a pie el que llena las gradas, aquí y en los hipotéticos Juegos 2012, y debería tener derecho a disfrutar del glamour, a ser tenido en cuenta, que también patrocina a su manera. No propongo un soviet tenístico, ni comida gratis para todos, pido menos: que la gente pueda ver de cerca a los vips y a los famosos, comer junto a ellos si quiere gastarse el dinero, sentirse partícipe, bien tratado, no excluir a nadie, que al final lo llenamos todo de porteros de discoteca que le ven los calcetines blancos a Roberto Carlos y no le dejan entrar.