El Madrid salió vivo
Raúl empató. El Betis acabó acorralando al Madrid. Ronaldo no brilló y falló una buena ocasión.

El único temor es que esto lo haya visto Blatter y decida acortar los partidos. Es bien sabido que a la FIFA no le gusta el fútbol, por eso inventaron el gol de oro. Además, le permitiría hacer Mundiales cada seis meses, con la única oposición de los vendedores de bocadillos. Porque ayer, en 47 minutos nos entró todo. Al único que se le hizo largo y no le entró nada fue a Ronaldo.
De hecho, el Real Madrid duró el tiempo que Ronaldo asustó. Unos diez minutos. En ese intervalo el Betis estuvo medio aterrorizado. Y es comprensible. Te la mete Ronaldo y sabes que tu cara de pardillo saldrá en todas la televisiones del mundo, de Giralda TV a Al Jazeera.
Pero los temores béticos se disiparon justo en el momento en el que Ronaldo se reveló humano. En el minuto siete de la segunda parte le llegó un balón clarito y obediente que cogió a la defensa rival adelantada y dejó a Prats a media salida. La pelota botaba facilona y era un gol de los que mete hasta Bogarde. Quizá exagero, pero el caso es que Ronaldo la tiró fuera. Y lo que hubiera hundido al Betis fue lo que le dio vida.
Hasta ese momento el Madrid había entrado mejor en el partido. Cómo sería, que en el segundo (y último) minuto de la primera parte un disparo de Zidane fue rechazado al larguero por Prats, uno de los mejores porteros de la Liga, dicho sea de paso y para que nos oiga Sáez.
Recién estrenada la segunda parte, una vez cambiados los campos y todavía oliendo a desodorante, Roberto Carlos centró un balón-sandía que se coló, con inestimable ayuda de Arzu, por el centro de la defensa bética. Allí lo recogió Raúl para rematar a gol y reclamar que él también existe, que parece que se siente un poco Teruel en las últimas semanas. Ronaldo tuvo su influencia en la jugada, porque, aunque hizo mutis, medio Betis estaba pendiente de él, por si hablaba.
Luego vino el mencionado fallo de Ronaldo, una última ocasión de Raúl y, sin tiempo al respiro, el rugir de la marabunta. El Betis se quitó los complejos y comenzó a atacar en oleadas, holocausto caníbal.
Por la izquierda penetraba Denilson, un genial futbolista que cuando entienda el juego será letal. Por la derecha se colaba Joaquín, pelín intimidado por las cachas de Roberto Carlos. En el centro, Alfonso, haciendo cosas dignas de Ronaldo (o más). Y por todos los sitios Capi, enorme y entregado, capaz de llevar la bandera, tocar la corneta y conducir los tanques.
El Real Madrid empezó por recular y terminó como la sala de máquinas del Titanic. Parece mentira que un equipo de tanta exquisitez técnica tenga tantos problemas para sacar el balón jugado cuando se ve presionado muy arriba. En cierto modo, eso es lo que se espera que solucione Ronaldo con su profundidad, una vez que el biomanán surta efecto.
Cuidado que también tuvo virtudes el Madrid. Porque es virtud resistir un bombardeo. Y en ello tuvo mucho mérito Hierro. También Casillas, al que arrebatos juveniles le llevaron a vestirse con camiseta amarilla y pantalón blanco, que parecía un inglés, Seaman si me apuran. Estuvo bien Iker, pero que no juegue con estas cosas.
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Entre las virtudes, también la valentía de Del Bosque, que lució arsenal desde el primer minuto, única forma de engrasar la escopeta. No se puede criticar la incorporación de Raúl, pese a estar tocado, pues al final fue quien le dio al Madrid la victoria, digo el empate. Porque Raúl es el único futbolista que nunca se distrae, ni cojo.
Del Betis, ni un reproche. Es un serio candidato a ganar la Liga (y lo que sea) y probablemente el único equipo que le puede toser al Madrid en Europa (ni Milán ni gaitas). Ayer sólo tuvo un defecto: perdió dos puntos y dejó vivo a un gigante que algún día dejará de tomar el té en las trincheras.