Primera | Real Madrid 5-Alavés 2

Ronaldo se une a la fiesta

Debut perfecto/Marcó dos goles en 30 minutos/Rozó el hat-trick/Figo y Zidane, también maravillosos

<b>EL PÚBLICO ENTREGADO.</B> La pasión se desató cuando Ronaldo logró su primer gol nada más salir al campo.
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Ronaldo no es sólo un futbolista y por eso mismo, por todas las cosas que le trascienden, habíamos olvidado que, sobre todo, es un gran futbolista. En el fondo, casi llegamos a creer que no sería necesario que jugara, tan felices nos sentíamos. Saber que él estaba aquí, entre nosotros, bastaba para generar un inexplicable entusiasmo que ha sido responsable, en gran medida, de la alegría con la que el Real Madrid ha empezado la temporada.

Nos dio la impresión de que el triunfo había sido su fichaje, lo demás casi no importaba, porque él, sin jugar, daba juego. Discutimos si estaba gordo o fuerte, si volvería a ser él mismo, si le crujía la rodilla, si Milene era clavadita a él pero en chica. Y tanto hablamos de Ronaldo, que casi nos olvidamos de él. Esa es la razón por la que ayer, cuando se puso a calentar, nos dio el nervio. Y por ese mismo motivo nos asaltó el pánico cuando le vimos plantado en la banda esperando para entrar en el campo. Más de tres minutos duró la intriga, tiempo para pensar: cielos, que no salga, para qué romper la magia, para qué romperle a él. De pronto, le descubrimos como un jarrón de la Dinastía Ming en el carrito del supermercado.

Pero salió. Y no dio tiempo a temblar porque en apenas un minuto Roberto Carlos centró desde la izquierda, así como lo hace él, y el balón aterrizó en el pecho de Ronaldo, que lo domó pese a salir rebelde y lo dejó botar alto para esperarlo después ya con postura de pum. Podría decirles que entonces se detuvo el tiempo, pero creo más bien que fue Ronaldo el que lo paró en atención a los fotógrafos, que ser fenómeno mediático tiene estas esclavitudes. Agotados los flashes, gol picadito que terminó en la escuadra, como deben acabar los cuentos. El Bernabéu, y quizá el mundo, se entregó, recordó al Ronaldo futbolista, al genio, al que nombraron heredero de Maradona. Incluso estando pasado de kilos (que lo está), a pesar de perder velocidad, sigue siendo el mejor futbolista del mundo en el área y un delantero así en el Real Madrid es un tiburón en una pecera.

Pero habían sucedido muchas cosas en el partido antes del debut y primer gol de Ronaldo. Nada más comenzar el encuentro, Zidane se internó por el ala izquierda, erguido, conduciendo la pelota como si paseara un cocker. Le salió al paso Abelardo, para interrumpir la música, pero Zidane le recortó como quien esquiva a un niño y, casi al tiempo que miraba hacia la portería, colocó el balón, de rosquita, en la escuadra. Lo celebró con la calma del que ha intentado eso muchas veces y le ha salido casi todas; es Cary Grant con botas.

Luego, cuando el Real Madrid se perdía en bonitas triangulaciones a ninguna parte, llegó el penalti de Abelardo a Portillo. Porque lo fue. El defensa, presintiendo la llegada del niño por su espalda, sacó el culo buscando el tropiezo. Y lo encontró, pero le quedó muy torpe. Figo marcó la pena máxima y el Madrid siguió mirándose al espejo mientras Zidane se dedicaba a acunar todos los balones que venían del cielo.

Sin embargo, el Alavés no es un equipo pusilánime, más bien al contrario, es un ejército de futbolistas muy parecidos, muy ordenados y que saben tocarla. Así recortaron diferencias tras morcillón manotazo de Casillas a un cabezazo de Iván Alonso.

Incluso tuvieron la oportunidad de empatar de penalti justo cuando Ronaldo esperaba el cambio. Pero Casillas, hasta entonces disipadito, detuvo el lanzamiento de Iván Alonso para que le volvieran a querer.

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Qué decir del resto. Que con Ronaldo en el campo todos le buscaron a él, cosa difícil en estos tiempos de egos kilométricos. Y el brasileño, que pudo marcar el tercero en el descuento, quiso responder con idénticas asistencias.

Figo estuvo magnífico, igual que Zidane. Portillo pareció pequeño y tendrá difícil asomarse sin ser comparado. Miñambres llegó arriba mejor que Míchel Salgado; sólo le falta llegar mejor abajo. Pero no, no me hagan caso. El Madrid lo tiene todo. Sólo faltaba un punto de sal para afrontar los partidos que no apetecen, los que nacen enredados y duros. Sólo faltaba un punto de sal y ha llegado Ronaldo con el Séptimo de Caballería. Cuando se pongan en forma los caballos nos podemos morir todos. De placer, quiero decir.

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