Liga de Campeones | AEK 3 - Real Madrid 3

Zizou tomó el mando

El francés marcó dos goles cuando el AEK más apretaba. El Madrid encaja tres tantos a balón parado,

<b>RAÚL SERÁ BAJA Y DEJA SITIO A RONIE</B>. Raúl abandonó el terreno de juego a causa de una contractura en el abductor izquierdo que se produjo durante el transcurso del encuentro.
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El partido se le escapó al Real Madrid por la retaguardia. En menos de media hora Tsartas y compañía dejaron en ridículo al sistema defensivo blanco con tres ejecuciones a balón parado. El arranque anunciaba una noche caótica en Atenas. El agujero negro estaba en el centro, donde la pareja de baile Helguera-Pavón dejaba un pasillo tenebroso hasta Casillas, desnudo frente a la avalancha. El AEK había enmarcado la situación en un escenario ideal, presionante, rocoso y de alta velocidad, maniatando a las mentes pensantes madridistas. Cualquier equipo habría muerto rendido y desarmado de no contar con futbolistas de inmenso caché internacional, de talento a prueba de bombas, como lo demostró ayer Zinedine Zidane. El francés se echó el equipo encima y lo puso en el sendero de una remontada que no cuajó al final por verdadera mala suerte.

Dicho en tres líneas: no se puede admitir que el Madrid encaje tres goles en ejecuciones a balón parado. O falta estudio de los partidos o alguien estaba a por uvas. A los cinco minutos, primer tirón de orejas. Tsartas lanzó una falta al palo antes de que el árbitro pitara, y en la segunda versión mandó la pelota a la red por la escuadra. Es decir, lo que todo el mundo conocía y nadie evitó. El ex sevillista la clavó como en sus mejores tiempos, subiendo el telón de lo que sería una gran actuación hasta que le aguantaron los pulmones.

Por fortuna, decíamos, Zizou mantuvo la entereza y sacó lo mejor de sí mismo dirigiendo la orquesta de medio campo hacia adelante. Se alió con Raúl, con Figo y Guti, tocando y enseñando el diente retorcido en cada jugada. El AEK sacó las lanzas, pero no tuvo entereza para soportar la embestida y fue el propio Zidane quien estableció el empate de sensacional zurdazo. Cualquiera habría apostado por la vuelta a la normalidad, pero estaba el día de ponerse bobo.

Y llegó lo peor. En tres minutos, dos goles de cabeza, de Maladenis y Nikolaidis. Como en los malos tiempos, el Madrid no encontraba recursos para defender por el aire. Helguera y Pavón ni la veían, y tampoco Makelele, a quien le falló la brújula durante la primera parte. Los titubeos defensivos contagiaron a medio equipo. La velocidad de los griegos anunciaba serios problemas para el Madrid, que se balanceó a punto de desplomarse.

Sin embargo, la grandeza del equipo blanco le ayudó para salir a flote. Cuando encontró el balón supo acorralar al AEK, bajándole los humos. Sin estar Cambiasso en su día grande, sí asistió lo suficiente a Zidane como para racionalizar la situación. Figo trabajó mucho, aunque con mediana suerte en la producción y Guti taladró, igual que Raúl, a la poblada defensa local. El orden de las cosas desembocó en el seguno tanto, otra vez de Zidane, que puso al Madrid en el percutor para salir en la segunda parte disparado hacia la victoria.

Empate

Efectivamente, Raúl lo anunció con un disparo al larguero al volver del descanso y muy pronto Guti, este chico está iluminado, se sacó de la manga una bella pincelada en boca de gol para establecer el empate.

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Para entonces el Madrid crecía en estabilidad y dominio, a la vez que el AEK se desfondaba, presa del pánico y la inferioridad manifiesta. Pero, eso sí, daba unos coletazos terribles para seguir maltratando la psiquis de Pavón, amargado con la velocidad de Nikolaidis. Al joven central se le notó la falta de partidos, de chispa y hasta de malas pulgas para torear al miura. Por suerte Helguera se entonó muchísimo y le tapó las lagunas.

El partido se tiñó de blanco en el último tramo, con Zidane mandón y artista, y de las diez jugadas de gol alguna debió acabar en la red griega. Pero ni con Morientes y Portillo en cancha llegó la estocada al minotauro. El punto supo a poco.

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