Yo digo Pedro P. San Martín

Que acabe el chiste

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Esto es como el cuento del lobo: cuando venga de verdad no lo vamos a creer. El estado de ansiedad general por ver debutar a Ronaldo alcanza cotas insospechadas después de tanto amago. Todos me preguntan si lo del día del Alavés será verdad. Si va a jugar o le dolerá el sóleo, el tarso o el metatarso. Tengo en tensión al conserje de casa, a mi vecina madridista, al gasolinero y a Pepe el del kiosco. No hay otra cosa después de que acabara Operación Triunfo. La emoción está en ver al brasileño dar zancadas por el césped del Bernabéu, haga lo que haga. La locura por Ronie está por encima, incluso, de su buen rendimiento. A algunos nos basta con verle, en carne y hueso, chocando, sudando, chutando y si pudiera ser, marcando un golito como los del Mundial.

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Ronaldo es el eterno culebrón. Tardó en llegar y ahora tarda en jugar. Sin quererlo, su caso y su figura empieza a dar para muchas bromas, algunas pesadas, sobre su puesta de largo. Con mejor humor que nadie maneja el asunto Canal +, haciendo una finísima ironía con las lesiones de Ronaldo. El guiñol del jugador es sensacional y la interpretación provoca tanta carcajada como reflexión.

Lo normal es que el domingo se acaben los chistes en torno a este ‘crack virtual’ y empiece el espectáculo. En los despachos del Bernabéu llevan días con los dedos cruzados, pidiendo al dios del fútbol que el viernes no le ataque una lumbalgia a Ronaldito. Del Bosque está loco por hacerle debutar. Tan loco como el madridismo por verle jugar.

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