Terminaitor
Aitor González ganó la Vuelta a España: se impuso en la crono final y le metió 3:22 a Roberto Heras. Beloki, que superó a Sevilla, completó el podio

No escribiré la palabra heredero salvo para decir que no lo haré. El peso de esa herencia ya aplastó a Abraham Olano. Tampoco diré sucesor, porque todo lo que nos sucede ahora (el ansia) procede de algo que nos sucedió hace años y que no tuvo sucesión. Debo decir, sin embargo, que Aitor González, durante la contrarreloj, recordó a Miguel Indurain, a su forma de volar sin dar la impresión de moverse.
Lo sé, sé muy bien que Aitor sólo ha ganado la Vuelta y eso, que es mucho, puede no ser suficiente. Hubo campeones que sólo recuerda el palmarés y otros que incluso brillaron y repitieron, pero que fueron incapaces en otros territorios. Y Caritoux.
Salvo en casos excepcionales de campeones casi adolescentes (Hinault, Fignon, Ullrich...), las estrellas irrumpen cuando nadie lo espera y es inútil buscar pistas en lo que ocurrió antes. Surgió Indurain y casi de igual forma lo hizo Armstrong. Aparecieron a esa edad en la que hierven los campeones de cocción lenta y que ronda los 27 años, la edad de Aitor.
Para nuestra desgracia, ser escalador en estos tiempos es una forma heroica de no ganar nunca. Decide más una crono que un Angliru. Por eso el ciclismo moderno ha terminado por desarrollar una nueva morfología de campeón: gran contrarrelojista que pasa la montaña y que, curiosamente, con los años, pierde en contrarreloj y gana en las cuestas. Aitor está en la primera fase.
Su exhibición en la crono de Madrid (1:23 sobre Casero y 3:22 sobre Heras) es la última confirmación de todo lo que se descubrió en el Giro de su vida: es especial y, lo que es más importante, no tiene miedo, lo que denota carácter y ambición, requisitos casi tan importantes como tener piernas. Ayer, le sobró más de la mitad de la crono para neutralizar la ventaja de Heras (1:08).
No es el traidor que pintaron. Luchó por sí mismo y venció, lo que no es mala fidelidad para alguien que gana 54.091 euros al año. Pese a la victoria, Belda, primero desde el coche y después desde el podio, mostraba una placidez demasiado contenida, porque no ganó Sevilla. Porque Aitor abandonará el equipo (¿Telekom?). Y estas cosas, que son humanas, no conviene que se te noten. Además, Kelme también había ganado por equipos.
Por pura mala suerte, Sevilla perdió su plaza en el podio en favor de Beloki al tener que cambiar dos veces de bicicleta. Algo similar sucedió en el 94 cuando Zülle perdió el cajón a manos de Perico.
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La llegada al Bernabéu resultó una fiesta; ni les cuento si hubieran montado algo semejante a un velódromo que hubiera permitido ver más a los corredores. Pero sirvió, por fin, para que el disipado público del ciclismo encontrara un lugar de reunión y se hiciera sentir. Quizá haya visto que junto tiene más fuerza. Quizá lo hayan visto también los patrocinadores.
Una vez en el podio se comprobó que Florentino siempre triunfa. Le entregó a Aitor una camiseta del Madrid en la que estaba impreso su nombre (y el de Siemens) y el campeón se la enfundó, claro, incluso toreó a lo Raúl, en una imagen que dará la vuelta al mundo: "El Real Madrid gana la Vuelta. Ronaldo fue baja".