Primera | Betis 3 - Barcelona 0

Orgasmo bético

El Betis realizó una soberbia exhibición en Huelva con goles antológicos de Joaquín y Varela entre el ridículo azulgrana.

<B>EN ÉXTASIS</B>. Joaquín se exhibió en todos los sentidos, después de marcar su golazo se quitó la camiseta y celebró con la hinchada la jugada.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Anatomía de un lío, el de Joaquín y Varela, y de una violación, la de Van Gaal: en pleno baño populista loperiano, el Betis quiso darse una noche de sexo fácil con la perfecta casada azulgrana. Al de la libreta le rompieron los pañales entre líneas y por las bandas.

Van Gaal sólo quería dejarle a los béticos el orgasmo virtual de Meg Ryan con el plátano en la película Cuando Harry encontró a Sally. Pero al holandés y a los azulgrana les llovieron los puntazos, gracias a una serie de artistas del hambre, de la movilidad y del gatillo fácil: Alfonso, Capi, Varela, Denilson... y Joaquín. Que la lió, justo como prometió Víctor Fernández. Como Varela.

El infatigable y despechado Lopera regalaba entradas. Y Alfonso, Alfonsito, especialista en idas, venidas, amores y desengaños, ejecutaba al Barça tras demoledor penalti de Víctor Valdés a Capi. Van Gaal, por supuesto, había venido a empatar y gracias sobre la altísima hierba del Nuevo Colombino. Todo lo que se le ocurrió a Cabeza de Ladrillo fue un partido de contención, un presunto cinturón de castidad en el que los tiesos Mendieta, Motta e incluso Luis Enrique querían... taponar las bandas del Betis. ¿Cómo demonios...?

Porque en esas bandas habitan, llenos de movilidad, peligrosos individuos verdiblancos, Joaquín, Varela y Denilson, que han aprendido el oficio escapando por las calles de El Puerto de Santa María, Dos Hermanas o Sao Paulo. Gente capaz de seducir a Jennifer López, Inma del Moral, Vicky Martín Berrocal o quien haga falta. ¿Cómo no se iban a quedar estos tíos con Mendieta, Puyol o Fernando Navarro...?

Mucho arte

El que faltaba en la violación clamorosa y pública de las líneas del Barça era Capi. Si Joaquín y Denilson han aprendido a vivir en El Puerto y en las favelas, Capi creció en Camas, el paraíso de Curro Romero y Paco Camino. Mucho arte.

Capi, el duende de Camas, ligó penalti cuando vio el maravilloso pase de Joaquín a los 25 minutos. Alfonso firmó el primero. Al Barça le habían roto el himen y el plan. Gabri, la solución de Van Gaal, no pudo alcanzar a Denilson ni a tiros. Kluivert, devorado por Arzu, Saviola y Luis Enrique, desconectados, no existían. En el minuto 66, Capi recuperó el balón y leyó la irrupción de Joaquín, que, antes de recibir, ya había visto a Alfonso. Joaquín amagó el pase a Alfonso, pero dibujó una media verónica paulista, del Paula, que sentó a De Boer y al porterito azulgrana. Un gol glorioso y el anteclímax del orgasmo verdiblanco, nada que ver con el falso plátano de Van Gaal. 10 minutos después apareció Varela, con un gol mejor que el de Carlos Alberto a Italia en México 70: no era exageración, era el clímax, el frenesí. El Barça, tan roto y violado como la libreta de Van Gaal, había hecho el ridículo.

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