Frenazo con diez
El Madrid sufrió con el arbitraje | Raúl marcó | El Valladolid, perfecto, empató de penalti injusto.
Al Real Madrid no le van a regalar nada, sino todo lo contrario. Me da el aire de que tanta fama, tanta galaxia y tanta madriditis va a condicionar malamente a los árbitros, por esa moda boba de no parecer amigo de los grandes. Ramírez Domínguez se encargó de confirmar esta sospecha en Valladolid. Pitó horrible, indignante. Enumeraría en tres páginas los errores continuados de este hombre desbordado por los acontecimientos. Y no sólo porque se dejara engañar en el penalti inexistente de Hierro sobre Sales. No se puede entender que permita a Ricchetti arrollar con peligro de lesión a Roberto Carlos, que expulse a Salgado en un minuto caliente y que no se entere, en general, de por dónde se estaba cociendo el pan en este partido.
Dicho esto, vayamos a otras evidencias. El Real Madrid no es el Real Madrid fuera del Bernabéu. Y el Valladolid bordó el desarrollo del planteamiento táctico. Corrieron mucho más los de Mané, presionaron de principio a fin, pelearon con todas sus armas sin gestos quejicosos, nunca se vinieron abajo por un error y tuvieron fe en remontar un marcador que se les puso muy mal en el momento psicológico del filo del descanso. Los de Del Bosque empezaron fríos, se quedaron con diez muy pronto y acabaron respirando por diez heridas abiertas en todas las líneas.
El Madrid saltó al campo entregado a Zidane y Zidane no estaba para tanta responsabilidad. El francés anda a medio gas, tocado de la rodilla, sin sitio y sin genio. Y por extensión contagia esta imprecisión a la dinámica del equipo, sobre todo porque Cambiasso se sintió preso de pies y manos en la doble línea defensiva del Valladolid.
El Madrid manoseó la pelota con algún impulso de Figo y también de Salgado, pisando área de Bizzarri con mucha menos fiereza de la acostumbrada. Allí faltaba la esperada agresividad rematadora de Guti y de Raúl, que estuvieron agazapados cuarenta minutos. Makelele era por entonces el mejor, lo que hablaba muy mal de la línea de creación madridista.
En este mar muerto andaba el Madrid cuando Ramírez Domínguez se cargó el partido con doble amarilla simultánea a Salgado. El lateral estaba revolucionado y el árbitro no supo entenderlo. Con diez jugadores los hombres de Del Bosque sacaron casta y rabia. Zizou despertó y encontró conexión con Raúl en el último minuto de la primera parte, con esa calidad y elegancia que se les presupone a dos talentos del fútbol mundial.
Makelele. Pero hasta ahí llegó la furia. Del Bosque situó a Makelele de lateral y bajó a Guti con Cambiasso, sin resultados más contrastables que una resistencia heroica a las embestidas del Valladolid y a las decisiones desesperantes del colegiado. Hierro y Pavón fueron ahogándose ante la lluvia fina de un Pachón muy inquieto todo el partido y de las habilidades de Sales, impulsados desde atrás por un tanque llamado Colsa. El Madrid estaba diezmado y lo acusó. Apenas llegó tres veces hasta Bizzarri, en un escaso balance para quien aspira a arrasar en esta Liga. Sin autoridad, fue perdiendo el toque y la posesión, desdibujándose como un equipo plano. Tuvo valor y arrojo, pero no luz y talento.
La resistencia madridista era un saco de bombas y se encargó de que explotara el despistado árbitro. Domínguez entró al engaño de Sales dejándose caer ante Hierro, señalando un penalti ridículo. El uruguayo Olivera lo transformó, aunque Casillas se dejó la punta de los dedos en el cuero.
Noticias relacionadas
El empate ponía el horizonte más negro al Madrid que su propia camiseta. Del Bosque dio entrada a Miñambres y Solari como agua bendita, en un grito de todos a las trincheras. Raúl se pegó con Peña y compañía, que fueron de hormigón armado, mientras Figo sufría una y mil caídas de impotencia. El Valladolid metió la quinta marcha viendo boquear al toro y a punto estuvo de apuntillarlo por pura fatiga. Pero en esto sí estuvo bravo el Madrid, que aguantó los últimos capotazos.
El detalle. El Madrid aún no ha perdido
La racha del Madrid en este arranque de temporada venía siendo impresionante. El empate en Pucela no alcanza el brillo esperado, pero los blancos siguen sin perder, ya que el partido ante el Betis está pendiente de acabar.