Premier League | Escándalo Keane

Roy Keane, el bestseller más odioso

Su autobiografía, por la que la Federación Inglesa puede suspenderle, es número uno en libros de no ficción en el Reino Unido.

Roy Keane, el bestseller más odioso
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Roy Keane se entrometió en la literatura popular y ahora tiene un problema. Su libro ‘Keane: the autobiography’, en el que explica cómo lesionó a propósito al noruego Haaland, se ha convertido en número uno en publicaciones de no ficción en el Reino Unido, pero la Federación Inglesa juzga el 15 de octubre al irlandés por desprestigiar al fútbol. He aquí algunos extractos del libro.

El desacuerdo con McCarthy: Keane decidió no jugar el pasado Mundial con la selección de Eire por no aceptar los métodos del entrenador Mick McCarthy.

"¡Eres un hijo de puta! No te valoraba como jugador, no te valoro como entrenador y no te valoro como persona. Eres un hijo de puta y puedes irte a la mierda con el Mundial. No te respeto. Sé que el paso del tiempo puede curar muchas cosas, pero todavía me duele y esa gente me sigue cayendo antipática. Hubiera jugado (el Mundial) si McCarthy no me hubiera acusado de haber fingido estar lesionado. Me pusieron una trampa y caí".

"Le vi en la tele diciendo que no le gusta que alguien le insulte. Pero para mí, el decir que un jugador finge una lesión y que de ese modo traiciona a sus compañeros es el peor insulto de todos. Luego va Steve Staunton y dice en rueda de Prensa que no había visto nada igual en su vida. Él jugó en el Liverpool con Graeme Souness, ¿y dice que no había oído o visto nunca algo parecido? Y Nial Quinn, ¿quién es, la Madre Teresa de Calcuta?"

La falta contra Haaland: el año pasado, Keane agredió deliberadamente a Alf Inge Haaland, jugador del Manchester City, como venganza por una patada que le dio el noruego en 1997. Haaland aún no se ha recuperado plenamente de esa lesión.

"Quería vengarme de Haaland por la lesión que sufrí en un partido contra él hace varios años. Ya había esperado el tiempo suficiente. Le pegué muy fuerte. El balón estaba allí, creo. ¡Toma esto, cabrón! Y nunca vuelvas a burlarte de mí. No esperé a que el árbitro David Elleray me mostrase la tarjeta roja. Me giré y me fui hacia el vestuario directamente".

Se planteó dejar el fútbol: sus numerosos incidentes, en dos de los cuales acabó peleado con Shearer y Poyet, le hicieron recapacitar e incluso llegó a pensar en abandonar el fútbol.

"Cuando jugamos contra el Newcastle y Shearer marcó el gol de la victoria, yo me enfadé más que nadie. Cogí el balón para sacar de banda y Shearer me sujetó. Me dije, ‘Éste me está tomando el pelo’. Perdí el control y le tiré el balón. Me llamó imbécil. Me fui hacia él y le agarré por la garganta. Sonrió. Me volvió a llamar imbécil. Me expulsaron. Shearer tiene razón. Soy imbécil, ya que caí en su trampa".

"En el vestuario todo el mundo estaba en silencio. Me sentía vacío. Sentía que les había decepcionado. A mi mujer, Theresa, a mi familia, al entrenador, a mis colegas, al club. No había excusas. Podría explicar otras tarjetas rojas que recibí, pero ésta no. Después de un incidente con Gustavo Poyet pensé en dejar de ser capitán. Me acuerdo que no dormí y barajé la idea de dejar el fútbol. Hablé con Theresa y me dijo que lo echaría de menos. Dije que no iba a jugar contra el Lille al martes siguiente. Ferguson vino a mi casa para convencerme de que me quedara, pero le dije que no. Al final, jugué contra el Lille".

Crítico con sus compañeros: tras la temporada 98-99, en la que el Manchester ganó LIga, Copa, Champions e Intercontinental, Keane criticó a sus compañeros por haber perdido el hambre de victoria. Se habían conformado.

"La pasada temporada, los jugadores del Manchester United consiguieron lo que se merecían: nada. Cuando escuchamos la canción de la UEFA antes de la semifinal de Champions ante el Bayer Leverkusen, uno de mis compañeros temblaba. Tenía miedo. Había jugado en su selección, ganando ligas, era una gran estrella... pero tenía miedo. Pensé: se vive para esto, para estar aquí. En el vestuario miré a mi alrededor. Habíamos perdido, pero parece que a algunos no les dolía. A Laurent Blanc no se le podía consolar. Lo sentía por Seba Verón, a quien era demasiado fácil echar la culpa, mientras que otros que merecían todas las críticas escaparon a ellas. Relojes Rolex, garajes llenos de coches de lujo, mansiones, ricos para toda la vida y habían olvidado el partido y perdido el hambre que les había llevado a conseguir esos Rolex, esos coches y esas mansiones. Éramos los héroes de ayer. Contra el Arsenal, en casa, en el penúltimo partido de la temporada, éramos como chicos contra hombres. No creamos ninguna ocasión y nos mataron".

Objetivo: ser como el Real Madrid. El Manchester quiere volver a ser grande en Europa. Y Roy cree que lo mejor es tomar como ejemplo al Real Madrid.

"Los jugadores ya no tenían hambre de victoria. Me acordé de aquella noche en que habíamos logrado el triplete. Había mucho champán, la gente se volvía loca, pero pensaba que habíamos tenido suerte ante el Bayern Múnich. Habíamos hecho historia, pero ¿qué íbamos a hacer al año siguiente? ¿Abandonábamos o seguíamos hacia adelante? El declive empezó en la noche en que ganamos el triplete. Dwight Yorke es el ejemplo más dramático de nuestro hundimiento. Éramos el mejor equipo del siglo. ¿Y qué pasa con el siguiente escalón, con llegar al nivel del Real Madrid?"

"Todo el mundo dijo que perder contra el Real Madrid la temporada siguiente al triplete no estaba mal. Que no se puede ganar todos los años. ¿Por qué no? Lo consiguieron el Liverpool, el Real Madrid y el Bayern. Nos confiamos demasiado y así nos fue. Ahora tenemos un nuevo asistente, Carlos Queiroz, al que no le importa el currículo de nadie. Dice que debemos olvidarnos de lo que conseguimos en el pasado. Es lo que necesitamos. Mira la final del Mundial. El hombre más tranquilo tras el pitido final era Roberto Carlos. Había ganado la Champions League y el Mundial en pocas semanas, pero no abrazaba a nadie, no lloraba. Es lo que él esperaba. Es raro que los clubes llamados grandes acepten un lugar en mitad de la tabla. Tenemos que volver a poner a prueba nuestra calidad. Es fácil hablar de ella, pero hay que demostrarla en el campo".

Contra la falta de profesionalidad: Keane se entrega en cada partido, en cada entrenamiento. Su técnico y sus compañeros así lo explican. Por eso no soporta la falta de profesionalidad de algunos jugadores.

"Se podría escribir un libro sobre Mark Bosnich (ahora en el Chelsea). Un portero dotado, pero no un ejemplo de profesionalidad. En su primer día en el club llegó una hora tarde. Le pregunté dónde había estado. ‘Me perdí de camino al hotel’, me dijo sonriendo. Le gustaba sonreír. ¡Maldita sea! ¿Te perdiste? ¿En tu primer día en el Manchester llegas una hora tarde al entrenamiento? Recordaba mi primer día. Alojado en el mismo hotel que Bosnich, estaba tan preocupado por llegar a tiempo que pedí un taxi y lo seguí hasta el campo de entrenamiento en mi coche. Llegué una hora antes del entrenamiento".

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Fue boxeador: desde que llegó a Primera quiso demostrar que tenía calidad para jugar entre los mejores. El boxeo le ayudó para hacerse respetar.

"El boxeo me ayudó a desarrollarme como deportista. Me hizo mas ágil y me dio cierta confianza al enfrentarme a los demás. Sabía cuidarme y, aunque era pequeño, daba todo para conseguir el balón. Siempre trataba de ser el primero en intimidar al rival. A muchos de los jugadores grandes no les gustaba, pero mis tacos eran tan grandes como los suyos. Todavía repelo la agresión con otra agresión. La Prensa me pregunta por qué estoy siempre metido en líos. Les respondo que no quiero ser la víctima. Si intentan intimidarte, tienes que protegerte".

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