Vuelta 2002 | 19ª etapa

Gesto de crack

Aitor atacó a Heras y le arañó cuatro segundos. Se la jugará en Madrid con una desventaja de 1:08. Gran victoria de Chente en Ávila, cuarta de ibanesto.

Actualizado a

Mucho hay escrito sobre el significado de los gestos. Parece ser que quien se mesa los cabellos duda (o piojos) y quien mueve las manos como si cortara bacalao es que realmente corta el bacalao (véase Aznar). Por no hablar del chico Martini y eso tan grimoso que hace con los labios. Son importantes los gestos.

Lo que ayer hizo Aitor González fue un gesto (que no gesta), porque su ataque rentó más bien poco y cuatro segundos son hoy un suspiro aunque mañana será otro día. Sin embargo, hay ciertos gestos que, sin pesar, delatan. Aitor tuvo un ramalazo de campeón, una ventolera contra el mundo y en un terreno extraño, una cuesta durísima de pavés. Indurain, en el Tour, también demarró una vez al pelotón en pleno llano con la única intención de poner orden, cómo estaría. Intimidar es ganar media pelea, bien lo sabe Armstrong.

Tal y como estaba previsto, la etapa de Serranillos salió más agitada que una avispa en un bote. Lo hace el terreno, que por algo eligió Hinault estas montañas para merendarse a Gorospe en un arrebato de rabioso caimán. En cuanto ayer empezó el baile, se marcharon nueve ciclistas. Entre ellos, Chente, Osa y Perdiguero. Su ventaja llegó a los ocho minutos.

Pero no piensen que por detrás dejaron hacer, porque hubo cera. Lo intentó Beloki, muy valiente. También Casero, orgulloso. Así se comportan los grandes ciclistas y ellos dos se jugarían el triunfo en la Vuelta si la carrera durara una semana más. Incluso se movió Casagrande, que ha cumplido dignamente y ha luchado justo hasta el final pese a saberse actor secundario.

Por delante, los escapados se retorcían como una culebra al tiempo que Osa aprovechaba para asegurarse el liderato de la montaña. Superado Serranillos, Chente García Acosta vio, quizá con sorpresa, que todavía estaba entero. Y se embraveció.

Físicamente, Chente es una curiosa mezcla de Indurain y Rocky Balboa. Como el divino, recuerda a un árbol. Como el boxeador, parece alguien capaz de traspasar una pared si se lo propone y parece capaz de proponérselo.

Noticias relacionadas

El caso es que Chente enfiló para Ávila como el Talgo. Quiso seguirlo el genial Perdiguero, hiperactivo desde que escribe para el AS. Pero al ver que no podía decidió que si no se puede ganar la vida como marqués siempre le quedará el pluriempleo. En cuanto llegó el demarraje brutal de Aitor González, Perdiguero se unió a los favoritos en crisis, incapaces de atrapar al agresor.

Aitor, soberbio, cruzó la meta gustándose, con los brazos en jarra y dedicando una mirada de infinita superioridad a sus perseguidores. Se puede ser muy chulo en cuatro segundos. Tampoco estuvo mal la entrada de Chente, preciosa y verdadera. Banesto lleva cuatro. No se puede enterrar un espíritu. Se escapa.

Te recomendamos en Polideportivo