Ciclismo | Vuelta a España

Habrá penaltis

Heras y Aitor se jugarán la Vuelta en el Bernabéu. En La Covatilla, el líder sacó a su rival 37 segundos, 1:12 en la general. Santi Blanco ganó en su casa

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La vida es caprichosa como rubia platino. En el Bernabéu se jugarán la Vuelta uno del Barça (Heras) y uno al que no le gusta el fútbol (Aitor). Debe pensar Enrique Franco que esto es como invitar a jamón a un musulmán y a un vegetariano; y no le falta razón. No obstante, en el caso de Aitor, la cuestión parece reversible porque su novia es del Real Madrid y ya se sabe que ellas, dulces princesas, saben ser más convincentes que un sargento de la Gestapo (ebrio).

En este momento, el máximo favorito para ganar la Vuelta es Aitor González, que sólo cedió respecto a Heras 37 segundos en La Covatilla. Su desventaja en la general es ahora de 1:12, un tiempo más que asequible para él en la contrarreloj del domingo en Madrid. Aunque Heras todavía tiene opciones (dos o tres).

Quizá crean que exagero, que el amarillo da alas, pero me da la impresión de que no sucede lo mismo con el oro, porque así vestido, de burbuja de Freixenet, perdió Sevilla la Vuelta del año pasado a manos de Casero.

La carrera sigue en vilo, pues, y lo sucedido ayer se saldó con otro capítulo de Falcon Crest. Porque lo ocurrido recordó a esos culebrones en los que, de repente, y para mantener la emoción, surge un primo inesperado que vivía en Australia y fue amante de la chica antes de hacerse cura y homosexual. Pues casi causando el mismo estrépito, apareció tirando en el comienzo de La Covatilla el genial Perdiguero (ver columna). Lo hizo como si le preparara el sprint a Cipollini, culminando el descarado trabajo de Acqua&Sapone (y vaselina) en favor de Heras.

Aquel violento tirón estuvo a punto de reventar incluso al líder y mecenas de la operación. Cuando se despejó el humo de las granadas, sólo se quedaron los dos favoritos, que comenzaron a pelearse en forma de arranques y remontadas. Pero con Heras las gomas siempre se rompen y Aitor acabó por quedarse solo. Solo y con media estocada.

Entonces llegaron a su altura García Casas (sublime), Beloki (torero) y... Sevilla. Lo que parecía un oasis fue un espejismo. Todos le rebasaron, incluido Sevilla, que ya no tiene derecho a llorar más: bienvenido al mundo de los tipos medio buenos medio malos.

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A falta de un kilómetro, Sevilla, en tierra de nadie, esperó a su compañero (los gritos de Belda hacían temblar los cerezos del Jerte) y le marcó el ritmo hasta la meta, lo suficiente para considerarse a sí mismo un amiguete enrrollado. Pero Aitor había salvado los muebles del Kelme él solito.

Mientras la Vuelta deshojaba el campeón, Santi Blanco circulaba solo en busca de la victoria. Corría ante sus paisanos, en casa, como Heras. Ahora que se ha liberado de las expectativas ajenas, sube más ligero. Incluso en cabestrillo Banesto sigue ganando batallas, ya van tres. El olor a campeón es de los que no se quitan aunque te frotes.

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