Liga de Campeones | Real Madrid 6-Genk 0

Abuso de poder

El Madrid marcó seis y pudieron ser más/Salgado y Celades se estrenaron/Guti sigue en racha/El Genk se rindió

<b>COMPLICIDAD.</B> Raúl ha defendido a Morientes en días difíciles y ayer el 9 mostró su complicidad con felicitaciones sinceras.
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Viendo el partido me vino a la cabeza ese documental de La 2 en el que veinte cocodrilos se comen a una cebra que cocea medio ahogada. Lo del Madrid ante el Genk fue eso: un auténtico abuso de poder, una pasada. La diferencia entre el campeón de Europa y este grupo de honrados futbolistas de Bélgica obliga a pensar en un replanteamiento del sistema de Champions. Son dos planetas distantes millones de años luz y el marcador resultó corto para lo que pudo suceder en el Bernabéu. Al menos, el aficionado que acudió frustrado por la baja inesperada de Ronaldo, debió saciar sus expectativas con tanta jugada de lujo y media docena de goles con protagonistas generalmente anónimos. Me refiero a Salgado y Celades, porque Guti, Raúl y Figo hicieron lo que todos esperábamos.

Cuando un equipo se va aplaudiendo al Bernabéu después de recibir seis goles, es que algo no es normal. Podemos confirmar que el Genk vino al santuario blanco a hacerse fotos de recuerdo. De combatir, nada de nada. Apenas acumularon tres chispazos de intención en el primer tiempo, y un poquito al final, justo cuando el Madrid sesteaba por absoluto dominio de la situación.

Desde el principio se intuyó que los blancos habían saltado al campo con un aire de total superioridad. Pero arrancaron con cierta parsimonia, quizás porque Celades es jugador de pocas prisas. Sin Zidane y Makelele las revoluciones son más bajas y lo nota el balón. Los belgas también creyeron ver en la primera media hora un filo de luz para el milagro, apoyados en cierta condición física y toque de balón, que por algo es un equipo de Champions. Dagano rascó entre Hierro y Helguera un par de veces y también Sonck, de lo mejorcito del rival, dio un susto a Casillas.

En un minuto. El Madrid fue echando una pizca más de carbón a la locomotora, con subidas eléctricas de Roberto Carlos y desbordes de Figo, minando lentamente el muro defensivo del Genk. Una labor devoradora que desembocó en la ruptura del partido a un minuto del final. Fueron dos crochets: uno de derechas de Guti en colaboración con Zokora; y otro de izquierdas, de Salgado. Los belgas se fueron a las cuerdas sangrando por las dos cejas, a punto de arrojar la toalla. ¡Hasta Salgado metía gol! Y es que esto tiene el Madrid: un día aparece reventando porterías Helguera, otro Salgado, otro Celades... Aquí no hace falta Ronaldo, diría cualquiera.

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La historia del partido estaba escrita. La segunda parte fue el gran fiestón dedicado a esos setenta mil espectadores que pagaron para ver a O Rei y no protestaron por su ausencia. El Madrid fue generoso en el esfuerzo, constante y entregado para acumular goles al ritmo que pasaban los minutos. No había allí más sobresaltos que los goles o la decena de ocasiones que tuvieron los blancos para acribillar al Genk.

Figo se recreó en sus regates, Guti bajó a la medular para dejar a Morientes el 9, Portillo salió como un toro pero sin suerte y a la caseta se fueron a descansar Roberto Carlos, Raúl y Cambiasso. Los belgas asomaron la cara un par de veces cuando estaban ya de rodillas. El Madrid les había pasado como rodillo por encima, con un fútbol fino y elegante desconocido en la Liga belga. Probablemente por eso aplaudió el Genk al público cuando el colegiado indicó el final: jamás habrían imaginado una muerte más dulce y placentera.

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