Botero pone paz
El colombiano venció a Luis Pérez al sprint y relajó tensiones en el Kelme. En la ascensión a Pajares, Heras se quedó sin equipo pero nadie se decidió a atacarle
Y en el momento más importante de la etapa, nos encontramos, de pronto, con un problema sin solución. Ocurrió en la ascensión a Pajares. El Kelme había puesto un ritmo enloquecido para dejar sin equipo a Heras. Y no tardó en conseguirlo. El líder estaba solo y rodeado por un hermoso catálogo de enemigos: además de la plana mayor del Kelme y sus gregarios, le amenazaban Beloki y sus compañeros, Casero, Casagrande, Simoni, Mayo y García Casas.
Y entonces, llegó, decía, el problema irresoluble. Los lobos tenían cercado al cazador pero eran incapaces de morderle. Allí estaba Heras, apetitoso, incapaz de responder a todos los ataques de sus rivales. Pero, ay, después de trabajar por un objetivo común, Kelme descubrió que no podía permitir una intentona de la ONCE y los de Saiz llegaron a la misma conclusión. Cuántas hazañas impide la burocracia y cuántas veces los directores se enredan en objetivos menores del tipo no voy a intentar ganar la Vuelta no vaya a ser que me quites el podio.
Pudo probar Beloki, pero hubiera necesitado que el Kelme se frenara. Pudo hacerlo Sevilla, pero hubiera requerido el mismo favor. Incluso Casero, Casagrande, Simoni o Mayo. Aquello hubiera puesto contra las cuerdas a Heras. Sin embargo, aunque hubo conversaciones entre directores, faltó el acuerdo. Y el líder coronó como quien atraviesa un bosque oscuro, pasito ligero.
Minutos antes de que lo hiciera el grupo de favoritos, había hecho cumbre un comando de sublevados entre los que estaban Botero y Gutiérrez (Kelme), Plaza y Luis Pérez (Coast) y Aitor Osa (ibanesto). Kelme y Coast, que luchan por la clasificación por equipos, estaban en igualdad de condiciones y eso daba plena libertad a la fuga.
Cada uno de los escapados entendió al instante su papel. Botero, que en septiembre no es el príncipe del Tour, trabajaría para Gutiérrez. Plaza lo haría para Luis Pérez, en permanente exhibición sin premio durante toda la Vuelta. Osa trabajaría para sí mismo.
Y así las cosas, el ibanesto se apresuró a disparar, por si acaso. Pero unas veces salía a por él Botero y otras, Plaza. Osa se encontró con un problema irresoluble (sin armas de fuego). Entonces quien lo intentó fue Luis Pérez y es probable que lo hiciera por simple estadística, porque se puede tener muchas veces mala suerte pero es difícil tener mala suerte siempre. Y tras él fue Botero, que es bueno hasta dormido.
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Pérez se lanzó y el colombiano se pegó a su rueda esperando la llegada de Gutiérrez, al que llaman el Búfalo porque es potente como un ídem. Pero no llegó nadie. Guti no podía tirar para no llevar hasta la cabeza a sus rivales. Tampoco podía hacerlo Plaza por idéntico motivo. No les cuento Aitor Osa.
Y ante este problema sin solución, Pérez y Botero se jugaron la victoria en un sprint que comenzó el Coast y remontó el Kelme, que se apuntó la victoria en plena crisis intestina (de su equipo, no de su estómago). Pérez, al que Aitor González rebasó en la misma meta de Ubrique, suma dos segundos y un tercero. Que no se rinda. No hay mal que cien años dure. Lo malo son los cien años.