Yo digo Juan Mora

El Angliru puso a Sevilla en su sitio

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Apelar a la disciplina de equipo, por eso de que uno es el jefe, cuando por delante hay un coloso que se llama Angliru, no parece oportuno. Y menos, cuando se es jefe por un segundo. Y menos, cuando el que no respeta esa disciplina de equipo anda como una moto en contrarreloj, y en montaña, por lo que se ve, va mejor que el jefe. Y menos, cuando hay un ciclista que se marcha para arriba y su nombre es Heras, que es alguien en este deporte en cuanto la carretera se empina. No, Sevilla quizá no tenga razón. En el Angliru no valen pinganillos, ni tácticas, ni pamplinas. Es ciclismo en estado puro.

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Esa es la grandeza que proporciona subir el Angliru. Pone a cada uno en su sitio. Se sigue insistiendo en que es inhumano. Inhumano es hacer la vista gorda a la administración y circulación de fármacos que pueden resultar letales, inhumano es bajar a la mina, inhumano hay cientos de cosas, no subir el Angliru, donde sólo media docena de ciclistas, aquellos que tienen la posibilidad de ganar la etapa o la Vuelta, van al límite. El resto, 140 corredores, suben como profesionales que son, pero a su ritmo, al tran-tran, como si fueran cicloturistas pues les vale con no llegar fuera de control.

Y estamos hablando de chavales en plenitud física, que pertenecen a la escogida élite que forma el pelotón profesional, que su única dedicación durante todo el año es montar en bicicleta, que tienen médicos y masajistas para su cuidado exclusivo, que cuando se entrenan se suben cinco montañas seguidas. Ahora, eso sí, llega la competición y se desafían a muerte. Cuando el reto es sobre las cumbres sólo sobreviven los mejores. Pero aún así, las tácticas de equipo se imponen hasta en las subidas. Menos en el Angliru. Por eso, bendita esta indómita ascensión que deja al ciclista sólo contra sí mismo.

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