Primera | Diez partidos, diez historias

La folha seca

Valerón estará dos meses de baja por una entrada que no tenía ninguna razón de ser: pierden el fútbol y los aficionados. De estacazos como el que soltó Peña, el juego sólo recupera su verdadero sentido con lujos como el de Helguera, con el Betis de Víctor o con Mostovoi.

La folha seca
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Real Madrid-Osasuna. Cambiasso gobierna antes de tiempo

Un quite vigoroso y un toque aseado: Argentina en la cabeza y en los pies. La vista en la grada de la Castellana y las intenciones fijadas en el área rival. Helguera encumbra el pase que conjugó su propio desmarque con la velocidad que el Cuchu le dio al balón. Y el Bernabéu, antes de lo esperado, ya le reconoce como suyo.

Barcelona-Espanyol. La antítesis de Iván de la Peña

La memoria aún genera expectativas cuando De la Peña conduce: la cabeza alta y el control en carrera dando toquecitos suaves con el empeine. Es el momento en el que se le exige lo que fue; se espera un pase imposible que hace tiempo que no da. Luis Enrique es su antítesis: es pasado y presente.

Deportivo-Valladolid. Peña: inoportuna e ineficaz violencia

Cuando menos, la tarascada de Peña fue una brusca llamada de atención: "si te mueves cobras". Fue un signo de impotencia ineficaz: Valerón y Makaay, que es el gol en movimiento, ya habían acabado con el partido. Como Pérez Burrull debió acabar con Peña. Perdió el fútbol: Valerón dos meses fuera.

Real Sociedad-Betis. El fútbol se va de viaje con el Betis

Alfonso de Capi y Capi de Alfonso. Una prolongación al saque del portero y un remate preciso: muestras de equipo trabajado. Un cambio de orientación, un control y otro gol. De nuevo Capi y Alfonso habían intercambiado posiciones y funciones. En el tercer gol, Alfonso hizo de Alfonso. El fútbol viaja con el Betis y la Real le respondió con más. Partidazo.

Recreativo-Celta. Mostovoi marca y anda: el Celta vuela

Nunca correrá ni detrás, ni más que la pelota: siempre pensará como el que más. Hace años que juega andando y le sobra. Pocos futbolistas eligen con tanto raciocinio su radio de acción. Siempre hay un motivo que explica las apariciones de Mostovoi por cualquier zona: ayer, dos goles. Sus pausados movimientos impulsan al Celta, que corre y vuela.

Málaga-Valencia. El campeón no se dobla a la primera

La madurez y las hechuras de un equipo campeón se pueden medir por su capacidad de reacción ante la adversidad. La vieja escuela de Peiró, once partidos sin perder, maltrató a la modernidad del Valencia. Incluso, Ayala probó su medicina y cayó. El campeón se rehízo como siempre: apretando los dientes y con los goles de los no delanteros.

Mallorca-Atlético. Si sufren, lo harán viendo fútbol

La primera mitad del Atlético-Chievo Verona hizo esbozar sonrisas en el Calderón. Un atlético de pro reconocía orgulloso: hacía años que, seguidos, no veíamos tantos pases por abajo. Albertini, Jorge, Luis García, Correa, Fernando Torres, Contra... El Atlético se ha armado en torno a la pelota y se intuye que, si la afición sufre, lo hará viendo fútbol.

Sevilla-Athletic. Tablas en el careo Caparrós-Reyes

Con la autoridad que da el banquillo, Caparrós apagó la rebelión de Reyes sentándole a su lado. Con su velocidad y un zurdazo, Reyes volvió a alzar la voz. Hay que ver la mejor de las intenciones en su dedicatoria al banco. Su rebeldía será lícita siempre que sus reivindicaciones sean acordes con cómo entrena y con lo que demuestre en el campo.

Villarreal-Alavés. Floro: de postre en un órdago al juego

Benito Floro asistió desde la tribuna a la perdición que consume a su nuevo equipo. Con todo el respeto, las señas para sacar la pelota desde atrás por un lado u otro, o sus gestos, llevan a imaginar una partida de mus. Da la impresión de que su nuevo trabajo es un órdago al juego y él es postre. Complicado.

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Rayo-Racing. La peor tortura para un portero

No hay peor castigo para un portero que pedirle que pare por segunda vez un penalti que ya detuvo: paran pocos y de mucho en mucho. Lemmens, impotente, le pegó un manotazo al balón y Medina Cantalejo le echó: topó con la disparidad de criterios que, seguramente, otra vez le permitirá adelantarse al golpeo.

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