Retamos al mundo y salimos indemnes
El atletismo español ha tenido la osadía de medirse contra el mundo y ha salido con su crédito revalorizado. Quiso hacerlo porque el país organizador de la Copa del Mundo tiene el derecho de inscribir a su equipo completo. Pero hay que tener mucho valor para ello. Los rivales son Estados Unidos, los dos primeros de la Copa de Europa y las selecciones de los cinco continentes. En 1981, Italia, que por entonces tenía un atletismo pujante, se atrevió a participar por ser país anfitrión y no consiguió ni una sola victoria. Quedó sexta, y entre hombres y mujeres lo más que sumó fueron tres segundos puestos.
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España, en cambio, se ha despedido con dos primeros puestos, cuatro segundos y siete terceros. Es como para sacar pecho. Y para hacer un monumento a nuestros atletas porque la temporada ha sido tremenda. Estar en forma en marzo para encabezar el medallero masculino de los Europeos indoor, en agosto para ganar quince medallas en los del aire libre, más que nadie en hombres, y en septiembre para ser la revelación de la Copa del Mundo puede calificarse de éxito sin precedentes, pues no hay país en el mundo capaz de mantener su atletismo en forma siete meses al año.
Un éxito para nuestros atletas, que han afrontado un trabajo descomunal, para sus técnicos, que han tenido la sabiduría de hacerles alcanzar hasta tres veces un pico máximo de forma, y para su presidente, que fue ambicioso a la hora de ponerles los deberes para que fueran el azote de Europa, como demostraron en esta Copa del Mundo, en la que los hombres ganaron a Gran Bretaña y Alemania. La broma le va a costar a la Federación Española 246.000 s, pues la Internacional no paga los premios a los atletas del equipo que se apunta como anfitrión. En este caso, nunca habrá dinero mejor empleado.
