Ciclismo | Vuelta a España

Van como lobos

Petacchi ganó al sprint, después de que el pelotón atrapara a Tauler a sólo dos kilómetros de la meta. Kelme no se calma ni con el líder y el segundo en sus filas

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Ser extranjero y correr la Vuelta es casi como irse de misionero a Sierra Leona. Pongamos un italiano normalito. Que no sea guapo, preferiblemente, que por aquí pasó un tal Roberto Pagnin, Gigi el Amoroso, al que todavía se recuerda por la cantidad de niños que hay en preescolar con cara de gondolero. Pongamos uno normalito, pues.

Ese muchacho del que hablamos se presenta en la Vuelta confiado, casi como en casa. Primero por el sol; luego, al ver a los niños en preescolar. Sin embargo, pronto descubre un pueblo en guerra, casi por evangelizar. Después de que le hayan dado varios, aprende a decir hachazo.

Porque la Vuelta no es el Giro, donde es ley que no comienza al baile hasta que conecta la televisión. Ni tampoco el Tour, donde hay un señor que manda, que dice tú sí y tú no, y hoy vamos todos tranquilitos que no nos vamos a hacer daño. En España se podría aplicar aquel chiste de vascos que dicen para qué vamos a discutir pudiendo arreglar esto a tortas.

Conclusión, que a estas alturas de carrera lo único que distingue a nuestro italiano normalito de un risotto funghi porcini es la gorra. O por qué creen que decía Simoni que en España no se sabe correr. Porque en el fondo piensa como el bético Rogelio, que correr es de cobardes.

La etapa de ayer fue un claro ejemplo de frenesí hispánico, sin un respiro, todos enredando. Hubo fugas de todos los tipos: subterráneas, con sábana a modo de cuerda, lima en el pan e incluso demarrajes ciclistas.

Pero si por delante volaban, por detrás corrían como si les debieran dinero. Si esto es una etapa de transición, pensaba nuestro italiano, cómo debió ser la transición española. Pues por el estilo. En la primera hora se cubrieron 54,200 kilómetros, ritmo de Vespino trucada.

Es curioso que en una de las avanzadillas más serias se metiera Toni Tauler, uno de los gregarios más destacados del equipo Kelme. En estos casos el líder suele ir arropado por su gente, pero como Belda se apunta a un bombardeo (parece Bush) decidió alterar la lógica.

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Y estuvo muy cerca de que a estas horas estuviéramos todos rendidos a sus pies, oh capitán mi capitán, porque Tauler no ganó la etapa por dos kilómetros. El mallorquín es tan buen ciclista que se podría decir de él lo mismo que de Barbra Streissand: la más fea de las guapas o la más guapa de las feas. Es decir, que Tauler vive entre los dioses y los humanos, para entenderse.

Mereció ganar, pero esos lamentos son para los malos. El caso es que el pelotón rugía sin Cipollini, porque cuando no está él parece que hay barra libre. Pero no la hubo. Ganó Petacchi, el que debe hacerlo cuando no hay leones ni Freires y Zabel dormita. Ya podía haber ganado Pataki, me susurran por ahí.

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