Pablito maravilla
Recital del Wonder Boy, que lidera al mejor Valencia de los últimos años. El Liverpool fue superado con un fútbol precioso.

Vamos Pablito Aimar, que las viejas glorias volverán, como Kempes y Piojo, otro pibe sin igual. Letra de la peña Gol Gran, interpretado por Mestalla. Es el nuevo cántico de gloria del valencianismo, que anoche volvió a disfrutar de un juego precioso, inteligente y bien adornado por su estrella argentina, tipo sencillo pero con mucho fútbol... en la cabeza. Porque este chico mueve con sutileza al Valencia, marcando los tiempos del ataque, y como cualquier gran encuentro que se precie, la estrella apareció. Se le esperaba y sentenció. Recogió el fruto al magnífico asedio al Liverpool, que se sintió torturado con ese baile de salón y humillado con la puntilla que le metió Baraja, otro al que no se le adivina el techo. Decididamente este campeón no tendrá ese delantero de 30 goles por temporada pero tiene un equipo en toda la extensión de su palabra que se crece con la Champions y recupera ese espíritu que le hizo grande de Europa hace unos años para asombro de todos.
Todo sucedió de acuerdo al libreto pero se fue haciendo grande y precioso conforme Aimar frotó la lámpara para sacar a ese genio que lleva dentro de ese pequeño cuerpo. Decíamos en la previa que era la hora del Wonder Boy, que nunca se ha arrugado ante los ingleses, y que también debería ser la velada de Owen, otro que tampoco terminaba de explotar en la Premier. Pero Houllier purgó la sorprendente decisión de dejar al chico de oro en el banco. Y cuando salió, la autoestima del Valencia era tal que Ayala, Pellegrino y Carboni (espléndido a sus 37 años) le dejaron bien claro que en Mestalla manda el Valencia. Pero fue una salida fulgurante, con mucha presión, obligando a Gerrard, el verdadero motor de los reds, a dar dos pasos hacia atrás, con lo que llegó el primer cortocircuito para Houllier (Diouf se quedó esperando a la luna de Valencia). Así que Albelda y Baraja, seguramente le mejor pareja de mediocentros de España, tomó el mando con autoridad. Marcó el territorio, dio un recital de corte y entrega y una lección de cómo se juega. La pareja se sacó de la manga una jugada, el primer gol, para verla en vídeo 70 veces.
Buenas bandas
Tampoco conviene obviar la inestimable ayuda de sus escoltas. Porque Vicente sigue siendo un jugador que en cada partido va a más y Rufete, otro que levanta pasiones. Buen cóctel. Explosivo con Aimar, por su velocidad en el juego entre líneas, pese a tener que bailar con la sombra de Diao. Aunque bien visto, todos los reds perseguían la sombra del balón. Al pie de Rufete, pasada por fuera a Hyypia, centro a Carew, paso hacia atrás a Vicente, centro a la frontal. Y vuelta a empezar. Mucha calidad y más paciencia, seguramente uno de los partidos más completos que se le recuerdan en el acierto con y sin el balón y en defensa (sólo un disparo de Heskey en el primer tiempo) y en ataque.
Mucho atrevimiento para pegarle un baile al otro gallito del grupo B y dejar bien claro que por la acequia de Mestalla hay arrojo dentro y fuera del campo para iniciar la ascensión hasta Manchester, el sueño del valencianismo. Sorprendió la pobre imagen del Liverpool, la nula presencia de Hamann y el alma en pena de Diouf. Pero ojo, no conviene perderse. Fue un partidazo del Valencia, que abrió el tarro de las esencias con un recital de fútbol con mayúsculas y con un soberbio Aimar, el Wonder Boy, el chico maravilla.
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