Ave Guti Imperator
El ariete se reivindica con dos golazos. El Madrid aguantó la lucha y terminó bailando al Roma. Capello sufrirá.

El Madrid destrozó ayer al Imperio Romano abriendo una herida profunda. Fue Atila, aguantando la lucha y ajusticiando después. Dos goles de Guti, el más contestado de los nueves de Europa, y un latigazo de Raúl empujaron al público romanista a abandonar el Olímpico, sabiéndose humillado. El Campeón de Europa no dejó margen de dudas sobre su candidatura a la Décima y lo hizo aún sin llegar a tocar máximos de rendimiento en algunos de sus jugadores. Uno no adivina qué va a suceder cuando la máquina esté mejor engrasada y aparezca la sombra alargada de Ronaldo.
Con Capello nunca se sabe si es un genio o anda por las nubes. No apostó por Guardiola, no apostó por la sensatez, sino por el palo y tente tieso. Abrió frentes de guerra en todas las zonas. Por el centro, con Tommasi y Emerson para dar caña a Zidane y Cambiasso; por la derecha, a Panucci y Cafú para anular a Roberto Carlos y por la izquierda dos carrileros como Cufré y Candela para atornillar a Figo. Renunció a sus tres centrales y así le fue.
No reparó en que en el Madrid cada jugador tiene tres pies. Que manejan la pelota hasta marearla y que cada día lo hace más de memoria. Así vimos en el primer tiempo el choque frontal de dos estilos, con un balance lógico. El Roma llegó cuatro veces a empujones y hasta con pinta de gol claro, pero quien se llevó el gato al agua fue el equipo blanco con una finalización de Guti sensacional: recorte en el área y balón colocadito al poste contrario con la derecha. Más vale maña que fuerza, dicen.
El gol anulaba las tensiones de la tempestad que provocó el dueto Montella-Cassano a Hierro y Helguera. Aunque la ocasión más blanda fue para Tommasi en un remate de cabeza a los 38 minutos, en el que la bendición papal algo tuvo que ver para que ese balón no entrara.
Los apuros del Madrid tenían su raíz en cierta debilidad de Zidane y Cambiasso en la faceta destructiva. E incluso en la desafortunada gestión de Guti en las triangulaciones, perdiendo la posesión en exceso. ¿Quién respondía entonces a los disparos? Pues Makelele. El futbolista múltiple, el ladrón de la medular, un guerrero impagable. Ni siquiera un pisotón brutal de Emerson le dejó inutilizado.
El Madrid suplía la falta de pegada ¡Ay Ronaldo! por un manejo serio de los tempos, derrochando experiencia y caché internacional. No estaba Raúl en lo mejor, tampoco Figo. Pero el equipo blanco tiene cuajo y talento por los cuatro costados. Así sucedió que Guti, el ariete de circunstancias, apretó los dientes y se propuso demostrar que aquí no falta nadie. ¡Y cómo lo hizo! Comenzó su recital en el 41, ayudó a Raúl en el segundo en el 56 y se convirtió en Guti Imperator de Roma en el 74 con su segundo golazo.
Noticias relacionadas
En la segunda parte, antes de llegar al lujo, el Madrid tuvo trabajo de achique. Le tocó aparecer a Casillas en estirada sublime a tiro de Emerson y parecía que la salida de Guardiola era la responsable. Era ya tarde. El ex barcelonista entró frío, sin sitio, agarrotado y la verdad es que el Roma no ganó un solo metro con su presencia, sino al revés.
La razón fue que el Madrid encontró su mejor tono porque Cambiasso soltó amarras, Figo apareció con uñas afiladas y Raúl se puso el mono de faena. Atrás, además, Helguera sacó la escoba para liquidar la amenaza fantasma de Montella y Cassano. Todo el equipo, en general, alcanzó esa velocidad de crucero que le puede llevar a conquistar la Décima con absoluta autoridad en Europa.