Ciclismo | Vuelta a España

Todos para uno

La Vuelta llega hoy a la Sierra de Madrid. Será una etapa muy peligrosa si hay lluvia. Todos atacarán a Sevilla y al flamante equipo Kelme. Menos Aitor.

<B>EL TRIDENTE DEL KELME</B>. Óscar Sevilla (izquierda), junto a Vicente Belda, director del equipo, y su compañero Aitor González, segundo clasificado en la general.
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Por la Sierra de Madrid pasó una vez Pedro Delgado con unos guantes de lana de color gris, que así era antes el goretex. Con él, tirando de él, iba Recio, del Kelme (siempre el Kelme), para ti la Vuelta y para mí la etapa. Y por detrás, Millar (el del pendiente), que dejó hacer y se la hicieron, a pesar de que su ventaja era superior a los seis minutos. Allí nació Perico, hace 17 años. Y allí no volvió a nacer nadie, aunque no se pierde la esperanza.

La Vuelta al Kelme llega hoy a la Sierra de Perico, donde la leal oposición está obligada a maniobrar, si es que no quiere fiarlo todo a El Angliru y La Covatilla, que sería morir poco a poco. Además de planear emboscadas, es de suponer que los directores manejarán con igual ansia las previsiones meteorológicas, porque esta etapa es otra historia (y de miedo) si llueve; y puede hacerlo. Entonces sería más espeluznante bajar Los Leones y Navacerrada que subirlos, que tampoco es tontería.

Si tal y como viene sucediendo la cosa sale lanzada, sería bueno que el Kelme desayunara doble, porque el pelotón se lo puede tomar como si abrieran las puertas de la cárcel. Porque es de suponer que los directores exhortarán a sus muchachos con sabios y sesudos consejos del tipo: "Hay que coger la escapada buena". Y apuntillarán: "Los primeros que coronen Navacerrada se jugarán la victoria".

Para no fallecer en el intento, Kelme tendrá que calibrar qué ataques son peligrosos y cuáles tienen permiso para la aventura. Dentro de la extraña lógica que dirige el caos hoy deberían intentarlo Luis Pérez y Félix García Casas, por distintas y variadas razones. La primera es que son buenos ciclistas, la segunda es que son de Madrid. Y la tercera, y más importante, es que ya sólo les deben quedar dos boletos por comprar y son justo los que tienen premio. Por allí rondará también Lastras, otro madrileño, que ya se sabe el camino. Y no olvidemos al Euskaltel, que está en pie de guerra.

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Hoy, con un par de puertos chatos y un perfil con dientes de sierra, sería también un buen día para Aitor González, que en estos recorridos encuentra enchufes en la cepa de los árboles. Pero dirá Belda que ya estamos enredando y que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.

La segunda parte de la Vuelta a España comienza con un planteamiento inesperado: el líder es un niño que muerde, su enemigo es su amigo y el ogro un pelotón. Mola.

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