Ciclismo | Vuelta a España

Salvó el honor

Lastras ganó en Córdoba y le dio una alegría al ibanesto, que poco antes había visto cómo se retiraba desmoralizado Mancebo, cortado en un abanico. Hoy, crono decisiva

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Hubo un tiempo en que el Banesto era como el Real Madrid, recuerdo que hasta lo dijo Echávarri. Ya no es así. Desde la retirada de Indurain, Banesto no ha sabido encontrar, no ya un relevo (que eso es imposible), sino un líder. No lo fue Olano (demasiado afligido), ni Zülle (demasiado extranjero y demasiado frígido). Tampoco lo era Chava (con talento, pero sin disciplina). Y no lo son, todavía, ni Mancebo ni Mercado, que viven bloqueados porque se ven, demasiado pronto, en plena línea sucesoria.

Y como el Banesto no supo atraer a figuras como Heras o Casero, se vio obligado a renunciar a las grandes vueltas y terminó por olvidar su identidad, la que nació en Reynolds.

Ayer, después de demasiados años de sequía y mala suerte, ibanesto sufrió otro revés. Mancebo, la última esperanza, se quedaba cortado en un abanico y abandonaba, totalmente abatido, al verse incapaz de enlazar (perdía cinco minutos). Es un tipo valiente, no se rindió. Simplemente estaba hiperresponsabilizado y no pudo soportar estar por debajo de las expectativas.

Era un golpe moral para el equipo, quizá en el peor momento, cuando lucha por encontrar un patrocinador que asegure su futuro. Entonces, en pleno funeral, alguien abandonó el entierro: era Pablo Lastras, un madrileño de 26 años, estilo Chozas, muy completo, de los que sabe elegir el momento.

Lastras se fugó en el descenso del último puerto y a 9 km de meta le pegó una lijada a los ciclistas que eran cabeza de carrera: Luis Pérez (ay) y Jeker. Enfiló la meta y salvó el honor de su equipo. Después de una primera semana fantástica (está a 2:29 de Sevilla y ha sobrevivido a la montaña), Lastras es ahora una esperanza. Otra. Algún día volverá un Mesías.

La suya era la última proeza de una etapa que parecía pachona y resultó histérica, casi violenta. Freire puso pie a tierra, pero hace algún tiempo que se había ido, hay quien dice que no estuvo nunca. También se comprobó que la ONCE es inflamable con el viento. Ya con el abanico formado, Igor provocó otro corte en el que se colaron Beloki, Zabel y Vinokourov. Sufrió para entrar Sevilla; más aún Heras.

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Aunque de seguir así algunos entrarán en el Bernabéu en camilla, hay que admitir que la Vuelta está preciosa. Hoy, con una crono de 36,5 km, se correrá otra etapa decisiva. Los galgos (Aitor, Vinokourov, Zubeldia, Casero) contra las ardillas (Sevilla, Heras, Mayo, Simoni). Y entre medias, Beloki, ante la última oportunidad para reengancharse.

Ayer ganó un banesto, lo dije y lo repito, por hacer publicidad. Yo fui de ese equipo y descubrí el Tour con ellos cuando tenía 15 años. Fui segundo con Arroyo, que era un chapín de Cinzano.

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