Interruptus chapucero
El Betis-Madrid se suspendió en el 44 por apagón de luz con 1-0 l Se reanudará en fecha a determinar
Tantas estrellas reunidas fundieron los plomos del Ruiz de Lopera. Sólo se jugó medio partido. Sorpresa y vergüenza. Así no es la Liga española. Así no debería darse como apto un estadio de fútbol nuevo, o semi nuevo. Un grupo electrógeno de pacotilla acabó con el espectáculo como si esto fuera la carpa de un circo de pueblo. Ya amenazó la chispa con dar el disgusto antes del encuentro, dejando en penumbra el escenario. Y volvió a avisar a los cinco minutos con un subidón y bajón fantasmal de potencia. Nadie fue capaz de dominar a este endemoniado aparato hasta que reventó definitivamente a un minuto del descanso. Alfonso iba a hacer un quiebro en el área a Hierro justo en el momento del apagón cuando ¡vaya corte! Fernández Marín no lo soportó más y después de quince minutos de corrillos decidió suspender el choque. No eran maneras.
Ahora la cosa queda en la mesa de Competición y en el posible acuerdo de los clubes para fijar nueva fecha. El 1-0 de Capi vale. También los 44 minutos que se habían disputado hasta caer la oscuridad. Sujetos a lo que dicta el reglamento, un día a determinar ha de disputarse el minuto que resta hasta pitar el descanso y otros cuarenta y cinco de la segunda mitad. Y pueden jugar los futbolistas inscritos a día de ayer con ficha en vigor ¡incluso Ronaldo!
El interruptus del Ruiz de Lopera es un sopapo propio del celtiberia show. Un desenlace feísimo, una chapuza que suena a improvisación, despropósito e incapacidad para manejar un evento de esta magnitud. Don Manuel Ruiz de Lopera, tan estricto en ciertas cosas, tan intachable, tan ejemplar, no debería salir del sonrojo en lo que resta de temporada. Y para más enredo y suspicacia, este recinto está pendiente de una suspensión por aquello de las bengalas. Lo que faltaba.
Había miles de millones sobre el césped en jugadores, millones de espectadores ante la televisión, miles de aficionados en la grada...y se convirtió en protagonista el encargado de los cables. El esperpento anuló el fútbol, que tampoco hubo mucho, sinceramente. Un golito de Capi y las arrancadas de Figo habían animado el partido, pero tampoco hubo mucho jamón en el corte.
Betis y Real Madrid saltaron al campo con mucho miedo. Atenazados, atentos a no fallar, concentrados en ajustarse a las normas de la pizarra. No era un partido suelto, vivo ni agresivo. Desde el principio el respeto fue la norma de actuación y por eso el balón se movió como en ping-pong entre las piernas de los centrocampistas sin picos de emoción ni alegrías para el espectador.
Figo.
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Asumió un papel notable. Desbordó por la banda con carreras de las suyas, tocó con suavidad hacia el área y fue la flecha punzante del Real Madrid. También Roberto Carlos, que se significa en estos partidos por estar un escalón por encima de sus compañeros y comprometerse como nadie. Borró del mapa a Joaquín, que en una elección de listo eligió siempre a cualquier otro par menos al brasileño para llegar al área de Casillas.
En este punto neutral andaba el partido cuando apareció Capi en una ratonería intuyendo el fallo de Hierro para robar el balón y clavarlo en la red contraria. Golazo, fiesta y se acabó. Se acabó porque de ahí al final solo esperaba el chasquido de los fusibles. La reacción del Madrid estab por llegar, se intuía, se marcaba, pero tendremos que contarla otro día.