Yo digo Paco Mancebo

Ayer, el ritmo no paró

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Los aficionados al ciclismo no se podrán quejar de esta Vuelta. La etapa de ayer cumplía con todos los requisitos que debe tener una etapa de buen ciclismo. Fue bonita de verdad. Parece que el título de la canción de esta Vuelta 2002, Que el ritmo no pare, era la consigna a seguir desde el kilómetro cero. Y se puede decir que no hubo ni un solo corredor que no la siguiera al pie de la letra. Hubo trabajo para todos. Para aquellos que están perdidos en la general y buscaban la escapada a toda costa; para los que peleábamos por el el triunfo de la etapa para nuestros equipos —nosotros, el ibanesto, lo intentamos con Aitor Osa—; o para los que como Kelme defendían el liderazgo.

Nunca había subido el puerto de Las Palomas y, aunque pensaba que era más duro, lo que más me machacó fue el cambio de ritmo. Menos mal que la etapa de hoy es corta, porque lo que es seguro es que nos va a doler todo. Y lo peor es que en un día como ayer lo que menos te apetece es un traslado de 200 kilómetros, con lo que eso conlleva: llegar tarde al hotel, masaje en versión reducida (justo el día que más lo necesitas). Tras todo esto, cuando llega la hora de cenar ya no nos quedan fuerzas casi ni para hablar.

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