Ciclismo | Vuelta a España

Aitor se destapa

Aitor González cazó a Luis Pérez casi en la línea de llegada y se llevó la victoria. También se reivindica como candidato al triunfo final de la Vuelta. Su equipo, el Kelme, lo bordó

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Fue una película de Indiana Jones, una montaña rusa en la que pudieron matarse media docena y no murió nadie, una de acción resuelta con un tiroteo en una fábrica abandonada. Y justo cuando salían los títulos de crédito, surgió Aitor González. Y se mostró al mundo. No exagero: está llamando a la puerta como hacen los campeones.

Todo lo que está consiguiendo (y es mucho) no parece un palmarés, sino un antecedente. Tiene 27 años y ha alcanzado el punto preciso de cocción. No ganó el Giro (se llevó dos etapas) por un pajarón en el último puerto de la carrera. Lo suyo no es casualidad; ya no es un tapado para ganar la Vuelta, ay Sevillita.

Aitor tuvo ayer un ramalazo de tío con mucha clase. Pudiendo ejercer de segundo líder de su equipo, decidió que la mejor forma de responder al bombardeo era atacar él. Toda la etapa había sido un sinvivir para el Kelme, en plena intifada. Y tras el puerto de Las Palomas (donde sólo se movió Mancebo), la carrera llegaba a un punto suicida en el que todos querían encontrar el tesoro, como Álvarez del Manzano.

Así las cosas, a menos de 20 kilómetros para la meta, Aitor se lanzó en bobsleigh en persecución de Luis Pérez (Coast) que marchaba escapado con 53 segundos de ventaja. La carretera era un tobogán entre precipicios. A 10 km de meta Luis Pérez aventajaba en 23 segundos a Aitor González y en 37 al grupo de favoritos. A 9 km, pasaba primero Luis Pérez, a 13 segundos Aitor y a 24 el grupo. Y esa era también la diferencia en la entrada en Ubrique, peligrosísima, con curvas que invitaban a meterse en el cuarto de estar de algún vecino.

En un par de virajes, Luis Pérez estuvo a punto de estamparse contra el mobiliario urbano, pero ya estaba muy cerca, a un kilómetro, y nada le podía arrebatar el primer gran triunfo de una carrera de ciclista que discurre entre los mediocres y las estrellas. A 400 metros sólo le quedaba trepar por un repecho traicionero. Y allí se clavó o por allí voló Aitor González, no está muy claro, que le rebasó a diez metros del objetivo. Y a pesar de su increíble remontada Aitor cruzó la meta medio pancho, sin levantar los brazos, porque no sabía que había ganado, pensó que David Etxebarria circulaba por delante. Su transmisor se había roto y completó la persecución sin referencias.

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Aunque al final de la peripecia Belda no sabía muy bien si reír o llorar (todos queremos al Niño), lo cierto es que el Kelme culminó una actuación soberbia, con un García Quesada que se merendó solito el puerto de Las Palomas.

En definitiva, una escabechina de la que se libró Cipollini, que decidió retirarse al ver el libro de ruta (sudar es malo para los radicales libres). Pero cuidado que otros italianos (Simoni y Casagrande) han decidido que se quedan hasta el final, que les gusta.

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