Ciclismo | Vuelta a España

Apolo se gusta

Cipollini ganó su tercera etapa en la Vuelta y sumó el triunfo 180 de su carrera. Hoy vuelven las emociones fuertes con una etapa llena de emboscadas y un puerto durísimo

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En condiciones normales nadie puede aguantarle la mirada. Hablo de una recta limpia y plana, de un aeropuerto. Allí sólo existe él, Kournikovo. Freire es otra cosa. Igual que Zabel. Ellos son más completos, pero menos especializados. Necesitan agitación, dureza, un incendio. Algo que distraiga al León. También es verdad que Apolo tiene un equipazo que más que hacerle el sprint le arroja de un tren a 60 kilómetros por hora. Pero el chulo que castiga se descuelga del vagón a la moto, abre los brazos y sonríe a las chicas. Luego quedamos.

Cipollini logró ayer el triunfo 180 de su carrera y su tercera victoria en la Vuelta a España. Los éxitos de este veterano ciclista trascienden lo deportivo: cuánto está haciendo Mario por los hombres de 35 años que ven aterrados como su barriga rebosa por el cinturón y el pelo de la cabeza emigra hacia orejas y fosas nasales. Todavía hay una esperanza, amigos.

Lejos de los flashes y la sonrisa porcelanosa de Cipollini, Freire, el nuestro, anda taciturno. Siempre fue un genio un poco calimero. Todavía no tiene equipo para el año que viene. En los momentos más bajos piensa que sólo le entienden en Bélgica. Y eso descoloca. Como le sigan enfadando va a ganar el Mundial otra vez.

Pero no cabe sentirse defraudados por su actuación. Lo que ha logrado Freire, dos Mundiales, sería para que se ganara la vida dando conferencias como Clinton o pregones, que se debe ganar más o menos lo mismo.

Sobre la etapa de ayer, decirles que lo mejor fue el postre. El resto era el menú del día. Y con moscas porque hacía mucho calor. En el kilómetro 25 se escaparon cuatro valientes: Van Goosel (que está pidiendo a gritos que lo fiche el Relax), Piccoli (un clásico butronero), el francés Portal (que se perdió) y el imprescindible, incansable y admirable Germán Nieto, de la escuela de toreros Relax-Fuenlabrada.

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Su ventaja nunca sobrepasó los cinco minutos porque por detrás tiraron todos, desde el Kelme al Acqua & Sapone. A 30 km de meta la rebelión era historia y comenzaba otra, aunque todavía hubo tiempo para que se colaran dos espontáneos: Colom (Relax) y Gadeo (Jazztel). Pero las cebras en estampida restablecieron el orden hasta la última recta. Cómo sería de fácil el sprint de Cipollini que 50 metros antes Lombardi ya levantaba los brazos para celebrar la victoria de su compañero.

Y sin tiempo para la modorra, hoy nos espera una etapa que podría ser un capítulo de Curro Jiménez. Por estos caminos ganó Giovanetti una Vuelta y todos en el pelotón tienen un plan de fuga, en especial los trasquilados: ibanesto y ONCE. Además, el puerto de Las Palomas, a 33 km de meta, llega con fama de comehombres. Y al final de la emboscada, meta en Ubrique, tierra de Jesulín el im-presionante.

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